sábado, 30 de junio de 2007

fiebre... y brindis.

"En los brazos de la fiebre que aún aguantan mi frente, lo he pensado mejor y desataré las serpientes de la vanidad El paraiso es escuchar el miedo es un ladrón al que no guardo rencor, y el dolor es un hermano de la muerte"
Hoy los versos prestados son de Héroes del Silencio, y aunque no llegue a estar del todo "en los brazos de la fiebre", tengo esa misma sensación de ser un pequeño trapo andante. Ayer el paraíso fue escuchar a dos de las personas que más me importan alrededor de una bandeja de patatas, aunque yo no estuviera demasiado al 100%. Y el verano definitivamente está comenzando, y con él ilusiones de hacer muchas cosas CONTIGO, aunque no estés leyendo esto. Pero también con la misma sensación de no querer hacer nada. A veces me siento el "último hombre", el que ha perdido la voluntad y ha decidido que no va a hacer nada, porque, total, luego somos lo que somos, cenizas y humo. Pero otras veces miro a otras personas. Aquellas que en su momento comprendieron todo esto, y decidieron que no podían pasar de puntillas por un mundo que sólo está aquí para que hagamos feliz a la gente. Hoy brindo con un vaso de agua, en el que flota una aspirina efervescente, (lo siento, sé que no es muy literario, pero no doy para más) por todas estas personas. Por las que he conocido, y las que me quedan por conocer, y por que sigan existiendo muchas. Y también brindo por TÍ

jueves, 28 de junio de 2007

A modo de principio...

"La palabra es la casa del ser. En su morada habita el hombre. Los pensantes y los poetas son los vigilantes de esa morada" (Martin Heidegger, "Carta sobre el humanismo")
Hola a todos. Me concedo la licencia de apropiarme de la frase de Heidegger para dar inicio a este blog, que no sé exáctamente en que se va a convertir. Con ella quiero hacer una pequeña declaración de intenciones: quiero utilizar la palabra como la casa de la que hablaba Heidegger, aunque no pueda todavía (ya me gustaría) clasificarme como un "pensante" o un "poeta".
Hay veces que no entiendo el mundo en el que vivo, y ni siquiera a la gente que vive conmigo: todo el mundo parece tenerlo tan claro, todo el mundo tiene una opinión perfectamente formada de todo y su opinión es la única y la mejor de todas. Es increíble lo poco que se da la razón al otro. Conservamos "nuestra razón", aquello que consideramos que nadie nos puede quitar, cuando en realidad hablamos de "nuestra opinión", algo que es frágil y variable. Alabamos a la gente que es fiel a sus ideas durante toda la vida, cuando muchas veces esa gente es fiel a esas ideas tanto tiempo porque no ha tenido la valentía de ponerlas en cuestión. Somos demasiado frágiles como para poder reconocerlo. Y el que suscribe también es demasiado frágil para aceptar todo esto. Se me ocurren una gran cantidad de cosas que escribir ahora, pero es mejor esperar. Aunque no me guste demasiado el vino (sin mezclar, por supuesto), creo que es bueno dejar que, como él, las ideas reposen en barriles de madera de roble. Termino tomando prestada otra frase. Ésta es del libro que siempre recomiendo a todas aquellas personas que me preguntan, un libro que debería ser recomendado por los médicos como libro de cabecera: se llama "El radiofonista pirado", y comienza así:

"Esta es la historia de un sueño, mi sueño, el sueño del radiofonista pirado. Un sueño poblado de pensamientos" (Chema Sánchez Alcón "El radiofonista pirado")

Hasta la vista