lunes, 7 de abril de 2008

"No le diré qué soy"



"Hay quien me pinta como un personaje atormentado, misterioso,y quien me pinta como un tipo casi alegre que sonríe casi siempre, que se ríe siempre. Las dos imágenes son inexactas. No soy ni uno ni otro. Soy... No le diré qué soy. No se lo diré jamás a nadie."
Henry Kissinger a Oriana Fallaci en una entrevista.
Noviembre de 1972.
No le diré qué soy.... No se lo diré jamás a nadie... En algún momento, he pensado lo mismo. La información es poder, la información sobre mi persona es poder que tienen los demás para hacerme daño. La solución está clara: no daré pistas, no dejaré entrever los atisbos de inseguridad que hay en mi vida. Me haré impenetrable, inescrutable, crearé una imagen dura y maleable que me defienda de la vida y de los demás. Y me irá bien, porque no tendré problemas con nadie, y nadie los tendrá conmigo.

Es una idea redonda: me protege de los demás, a la vez que los protege de mi inseguridad, de mis dudas, de mis pequeñas y grandes miserias. Reservo mis momentos más dolorosos para mi propia esfera de tranquilidad. Me aíslo, e insonorizo las paredes de mi cabeza y de mi corazón con cajas de huevos, como si de una sala de música se tratara. Y soy feliz, o me creo feliz.



No le diré qué soy... No se lo diré jamás a nadie... Pero sé que no puedo. Necesito de los demás de la misma forma que necesito un café cada mañana para no caerme de sueño en la primera clase. Y creo que los demás sólo confían en mí sabiendo que soy un ser dependiente, como ellos. Y en esa dependencia creo lazos, sumo afectos, y lo hago de una manera sincera, porque conozco y soy conocido por la otra persona en todas mis facetas.

Y ¿sabes una cosa? Me he dado cuenta que necesito arriesgar con las personas. Que si no lo hago, no habré ganado nada, y no habré dado la oportunidad de que nadie se intente ganar mi amistad. Y si no lo hago, es posible que esté perdiendo el tiempo...



Dos opciones, que ni siquiera son excluyentes ni únicas...

Experimentos de psicología-ficción...

Vaya cosas raras que me salen escribiendo a las 12 de la noche... Un nuevo caso de escritura automática (de la que ya hablé aquí).

Hasta la vista, ciberespacio

3 comentarios:

Fray David dijo...

¿Quien no ha soñado con permanecer protegido en esa atalaya a salvo del dolor? ¿Quien, sobre todo los que nos creemos autosuficientes, no ha querido permanecer al abrigo de esa imagen cuasiperfecta de nosotros mismos?
Y, ¿sabes qué? Que es el otro el que termina de configurarnos, el que nos perfila, el que nos da la posibilidad de ser lo que somos. Ya sea Otro u otro, cercano o lejano, conocido o masa anónima...
Nos necesitamos los unos a los otros, y puede que eso nos haga más débiles pero también más humanos.
Un abrazo desde mi atalaya irlandesa!

Sugus dijo...

Magistral, Miki. Me encanta.

flapyinjapan.com dijo...

Si algo me ha enseñado la experiencia es que no hay que dejar de confiar en las personas.

Incluso aquellas que te hayan hecho daño o que incluso te hayan fallado. Prefiero cansarme de dar segundas oportunidades y vivir a flor de piel que permanecer en mi burbuja.

Por otro lado, también me gustaría que la gente tuviera paciencia conmigo... realmente se necesita... ;)

Un abrazo desde el sol naciente!!