miércoles, 10 de septiembre de 2008

Una cucharada de cuento

Este curso me he propuesto aprovechar bien el tiempo. Y no quiero decir con ello que pretenda sacar mejores notas en la carrera, sino que voy a intentar dedicarme a hacer todo lo que me gusta, sin dejarlo para más tarde. El primer paso lo pongo este mes, en el que me he convertido en un aprendiz de cuentista... Y para aprender, me meto en la mochila a los mejores. Los leo y los manoseo, a ratos ni siquiera no los entiendo, pero otros los disfruto como si de un buen vino se tratara . Voy a compartir una cucharada de uno de ellos con vosotros. Es Julio Cortazar, y el cuento, valga la redundancia, se llama "La cucharada estrecha". Ahí va:
"Un fama descubrió que la virtud era un microbio redondo y lleno de patas. Instantáneamente dio a beber una gran cucharada de virtud a su suegra. El resultado fue horrible: esta señora renunció a sus comentarios mordaces, fundó un club para la protección de alpinistas extraviados, y en menos de dos mese se condujo de manera tan ejemplar que los ejemplos de su hija, hasta entonces inadvertidos, pasaron a primer plano con gran sobresalto y estupefacción del fama. No lo quedó más remedio que dar una cucharada de virtud a su mujer, la cual lo abandonó esa misma noche por encontrarlo grosero, insignificante, y en todo diferente de los arquetipos morales que flotaban rutilando ante sus ojos. El fama lo pensó largamente, y al final se tomó un poco de virtud. Pero lo mismo sigue viviendo solo y triste. Cuando se cruza en la calle con su suegra o su mujer, ambos se saludan respetuosamente y desde lejos. No se atreven ni siquiera a hablarse, tanta es su respectiva perfección y el miedo que tienen de contaminarse."
"Historias de cronopios y de famas" Julio Cortázar
El cuento tiene una cierta dosis de moraleja, lo cual no suele ser muy usual en Cortázar. Aunque casi podríamos hablar de una antimoraleja: la virtud te puede alejar de tus seres queridos. Así que valora lo que de verdad tienes, y no tientes a la virtud, y menos si viene en cucharadas. Quizás gracias a cuentos como éste me consuelo viendo los míos, que distan mucho de ser perfectos. Estaría muy bien que muchos de nuestros periodistas de hoy en día intentaran escribir un cuento, sería una manera de que descubrieran y valoraran de verdad el arte de escribir. Invertar la historia, encontrarle un "artefacto" o una manera de contarla que la hagan accesible y creíble, elegir las palabras adecuadas, el tono, los diálogos... En el mundo del cuento no valen los titulares prefabricados (pocas veces lo importante del cuento es el título), ni las frases hechas, ni las palabras rebuscadas (las palabras de 20 euros, en boca de Víctor, nuestro guía en este universo). Aquí lo dejo. Voy a intentar escribir un cuento. Tengo pajitas en la boca... Hasta la vista, ciberespacio.

1 comentario:

Cristina dijo...

Los mejores cuentos son los imperfectos, como la vida, como los sentimientos. Yo siempre pienso que al escribir hay que poner al menos un trozo de nosotros mismos.
Estoy convencida de que nunca estaré satisfecha con algo que escribo, pero también de que no lograría escribir algo siguiendo unas pautas.
Espero que en el curso aprendas mucho, pero no pierdas tu esencia por intentar beber una cucharada de virtud.

Podrías plantearte compartir algún cuento...

Un abrazo!