viernes, 3 de octubre de 2008

No más estudios, por favor.

Esta mañana nos desayunamos con la noticia del estudio sobre la calidad del semen de los españoles, estratificado por Comunidades Autónomas, para mayor satisfacción de la ciencia. Me pregunto sobre la necesidad de este tipo de estudios, sobre los recursos de I+D+I que consumen, tanto a nivel público como al privado. Aún más, me pregunto ¿cómo se argumentará ante un organismo financiador para que te den dinero para este estudio?...

Hoy en Público, Rafael Reig responde a una carta sobre este tema:

Usted conocerá los premios de la Annals of Improbable Research (Anales de Investigación Peregrina), que concede cada año los Ig Nobel al estudio más idiota, inútil y rocambolesco en cada rama del saber. En 2007 dos españoles merecieron el codiciado galardón: Josep Trobalon y Nuria Sebastián Gallés, de la Universidad de Barcelona, que consiguieron demostrar que las ratas no distinguen entre el japonés y el holandés, siempre que escuchen ambos idiomas hablados al revés. Literal. Imagino que con generosa subvención pública para I+D y un prodigioso entrenamiento para que los sujetos pudieran llegar a hablar al revés ambas lenguas en presencia de roedores. No me invento nada (no podría): hay un estudio sobre por qué a los pájaros carpinteros no les duele la cabeza, y otro (de la universidad de Harvard, ni más ni menos) sobre cómo se arrugan las sábanas. Francis M. Fesmire, de la universidad de Tennessee, investigó las (esperanzadoras) posibilidades de “interrupción del hipo con un masaje rectal dactilar”. Tres universidades, tres, colaboraron para poder calcular (¡por fin!) la presión que se acumula dentro de un pingüino cuando defeca; otras dos universidades realizaron un exhaustivo análisis de “los efectos de un subrayado inapropiado preexistente en la comprensión de la lectura.” Bernard Vonnegut, de la universidad de Albany, fue premiado por su indispensable estudio sobre el cacareo de los pollos como medida de la velocidad del viento durante un tornado. Para no mencionar el valiente e innovador premiado de 2005: “El efecto de la respiración forzada por un solo agujero de la nariz sobre la capacidad cognitiva”.

Toda la razón para Rafael Reig. Vosotros, ¿qué opináis?.

Hasta la vista, ciberespacio.

1 comentario:

Cristina dijo...

Los estudios absurdos marcan el día a día de la investigación "médica". Cuando hay que gastar dinero en investigar enfermedades no-rentables, resulta que ningún organismo está dispuesto. Pero cuando se trata de informarnos de la presunta infertilidad de 6 de cada 10 hombres todo es distinto.
Si algo he aprendido es que sólo se estudia y cura lo que da dinero. Si alertan de presunta infertilidad a gran escala (lo cual posiblemente sea falso) habrá empresas que ganen muchísimo dinero. Pero, si se trata de investigar una enfermedad que afecte sólo a unas pocas personas, a eso no se le ve el sentido.
Lo que deberían plantearse es que hay demasiadas cosas que arreglar en este mundo como para dar importancia, tiempo y dinero al modo en que se arrugan las sábanas.
Y, sobretodo, dejar de esconder lo que no resulta rentable, porque salvar cualquier vida ya es más que suficiente. Diga lo que diga la bolsa o la OMS.