lunes, 24 de noviembre de 2008

Sobre la recesión religiosa y el ateísmo alcista

Leo en El País un artículo, con un titular paradigmático del periodismo nada tendencioso: "Los ateos se hacen fuertes". En él se habla de la extensión del ateísmo entre sectores jóvenes de la población y de la intelectualidad, y de cómo se comienza a convertir en un movimiento más activo y visible en las calles.

También toca el tema de la apostasía, que atribuye a la reelección de Rouco Varela como presidente de la Conferencia Episcopal, lo cual es, siendo benevolente, una teoría tremendamente simplista, por no decir estúpida. Apostatar de una religión, considera el que suscribe, es algo más importante que la situación coyuntural de quién elige el órgano de la Conferencia Episcopal.

Por otro lado, leo también en Religión Digital una entrada acerca de la crisis en la Iglesia Católica española, que pierde fieles año tras año; sobre todo en las personas que se consideran practicantes. De los que se consideran católicos, se habla de católicos "ocasionales" o "festivos", aquellos que viven la religión más hacia una celebración concreta, relacionada con la tradición y la fiesta; pero que no tienen una vivencia continua. Asimismo, se tocan las dificultades de la Iglesia en los pasos hacia su autofinanciación, para la cual se han dado grandes pasos (como la campaña "X tantos") pero que todavía depende en una proporción exagerada del erario para su sostenimiento.

En ambos textos, procedentes ambos de El País (importante fijarse en la coda final del texto de Religión Digital), se exponen explicaciones diversas sobre esta pérdida de fieles. La que más fuerza cobra es la oposición al catolicismo como injerencia a la libertad individual de las personas en los ámbitos político y social, como atestigua "el teólogo de la Universidad Carlos III" (ojo a la expresión), y un profesor del CSIC:
"La beligerancia de las religiones lleva a la gente a tocar a rebato", explica el teólogo de la Universidad Carlos III Juan José Tamayo. "Las religiones han despertado de un modo social y culturalmente agresivo, porque reclaman una presencia en el espacio público; quieren intervenir en la vida privada y tener un peso político. En definitiva, quieren que los Estados sean confesionales". Una idea con la que coincide el filósofo Reyes Mate, profesor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC): "La crítica a la religión resurge cada vez que la religión se quiere convertir en principio moral de la democracia".
La religión, como elemento, "culturalmente agresivo" que reclama presencia en el debate. ¿Cómo no va a tener presencia en el debate si es una parte fundamental de la vida de muchas personas? En el debate político, no se puede separar las creencias personales, las ideas morales y filosóficas de cada uno. Luego estas ideas, y más aún si forman parte de una fe como la católica -o cualquier otra- tiene que estar en las intervenciones de cada miembro del espacio público (otra cosa es a quién se le permita acceder a este "espacio"), porque son parte de su idiosincrasia, de su forma de actuar. No es separable lo que uno es y lo que piensa políticamente, no son ni pueden ser compartimentos estancos.

Otra cosa es cuando el desempeño de un cargo con relevancia política tiene un código por encima de las opiniones de la persona que lo representa. Me estoy refiriendo a Carlos Dívar, de quien ya hablé aquí. En su caso, como en el de muchos otros cargos, el derecho positivo se encuentra por encima de sus creencias a la hora de realizar su función; debe regirse por él, ya que no todas las personas a la que tenga que juzgar van a compartir sus creencias, y el marco jurídico es común para todos.

Se habla en la entrada de Religión Digital sobre el papel de los jóvenes, a los que se critica una supuesta "sordera". Cierto es que la denominación de "poscatólicos" encaja bastante con la realidad de muchos jóvenes que siguieron un camino relativo a la Iglesia y luego lo abandonaron. Pero no creo que sea su sordera la causa, sino más bien la sordera de una jerarquía demasiado maravillada con su propia actuación como para darse cuenta la dificultad que tienen muchos jóvenes para situar su creencia en el contexto actual, en lo que se puede hacer. La dificultad para un joven que cree en la reflexión y la solidaridad como vías para vivir su fe, y se encuentra con una curia más preocupada por las vicisitudes políticas que por responder a las demandas urgentes que el mundo le pide -y no sólo me refiero a demandas materiales -. La dificultad para leer el Evangelio y encontrar la correspondencia en la actuación de la Conferencia Episcopal resulta insostenible para muchos jóvenes. Encontrar ese equilibrio es el desafío de muchos creyentes, y darle la respuesta o las claves para llegar a ella es el de la Iglesia Católica, al menos en mi opinión.
Hasta la vista, ciberespacio.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muchas son las hipocresías en las que está inmersa la iglesia católica actualmente:

- No se puede promulgar igualdad cuando las mujeres en dicha entidad ocupan un 2º o un 3º nivel.

- No se puede promulgar la igualdad o la libertad del inviduo cuando dicho individuo no puede decidir sobre su vida (o sobre su modelo de familia) ó sobre con quién quiere compartir la misma (recordemos las últimas salidas a la calle de los obispos).

- No se puede promulgar igualdad cuando se tiene un lugar privilegiado dentro del estado. Aquí no podemos evitar referirnos a el trato de favor de la religión en las escuelas PUBLICAS.

Te recomiendo este post: http://www.escolar.net/MT/archives/2008/11/el-laicismo-acomplejado.html

No podemos negar que nuestro país, al igual que los europeos, celebra fiestas de carácter cristiano como la navidad o la semana santa... eso no muestra la confesionalidad del estado como a la jerarquía católica le gustaría.

Miki dijo...

Gracias por comentar, pero no estoy del todo de acuerdo en algunas cosas:

-Igualdad: un creyente católico es exactamente igual sea hombre y mujer. Supongo que lo dices respecto al sacerdocio, pero creo que éste es un debate distinto, que no se puede mantener desde fuera de la Iglesia y sin entender su especificidad como institución milenaria (no se le pide al Islam que haya imanes mujeres, ¿por qué al cristianismo sí?) y hay que entender que el sacerdocio es una función masculina, y la vida monástica sí que puede ser femenina (existen monjas, y muy orgullosas de serlo y de la labor que desempeñan).

-Es cierto que la Navidad y la Semana Santa no demuestran que todo el mundo crea en el nacimiento del Niño Jesús o en la muerte del Crucificado. Pero esa realidad no justifica para que se intenten prohibir las procesiones por las calles, por ejemplo. Tengamos la misma tolerancia para con la Iglesia como le pedimos nosotros a ella.

-En cuanto al lugar privilegiado, me sigue pareciendo que se nos olvida el tremendo trabajo que hace la Iglesia en el ámbito educativo concertado, con mucho éxito académico, aunque lo único que aparezca en los medios sean los lamentables casos de abuso infantil... Pero sí que es cierto que la Iglesia debe hacer un grandísimo ejercicio de autocrítica respecto a su papel en la sociedad.

Muchas gracias por poner los pies en el suelo a las reflexiones que aparecen en este blog.

Un abrazo.