viernes, 19 de diciembre de 2008

Confundiento profesiones

"No es azaroso que se haya hablado en un sacerdocio en el caso del maestro y del periodista. Oficiantes en el altar de la verdad, uno y otro profesional debían ser conscientes de que en sus manos estaba el espíritu de las masas y su responsabilidad era tan grande ante Dios como ante los hombres. Sin querer ir a mayores y limitándose a la simple responsabilidad ante los hombres, el profesional de la comunicación empieza a sufrir desde este período [primeras décadas del s.XX] un lavado de cerebro deontolófico, según el cual unas veces en nombre de la Providencia y otras el de la Sociedad, se trata de hacerle creer que es el único responsable de la verdad o mentira de los mensajes."
[Manuel Vázquez Montalbán, Historia y comunicación social]
Una manera interesante de poner en común tres profesiones que en la actualidad están en una posición peligrosamente inestable. El maestro, obligado a hacer a la vez de progenitor, motivador y difusor de conocimientos; el sacerdote, ente el ingente trabajo de "gritar en el desierto" de una sociedad que ya no es unívocamente religiosa, y  una situación laboral difusa; y el periodista, perdido entre las exigencias del mercado, la velocidad como nueva norma de trabajo, y la sensación de que sobre todo esto hay un grupo informativo que desconoce o se esmera en olvidar lo que se conoce como rigor periodístico.

Confundiendo conceptos 
Podríamos también esforzarnos en confundir los conceptos. Entender al periodista como aquél que grita desde el púlpito-micrófono, que defiende una concepción concreta de la vida; que "predica" un credo concreto en un estado de cosas determinado. O observarlo como el elemento didáctico que alecciona sobre la realidad, que nos ofrece una serie de verdades perfectamente estructuradas en un libro de texto-periódico.

Pero no debemos. No debemos confundirlos, porque es la manera de que ninguno haga bien su trabajo. Tenemos que pedirle al periodista que sea riguroso y explicativo; pero no que nos explique un credo o nos ordene la vida. El periodista tiene el trabajo -arduo trabajo- de ponernos delante la realidad de la manera que nos resulte más fácil de entender, con las causas que la provocan, los motivos que subyacen, y las consecuencias que vienen. Tenemos que pedirle que cuide el estilo, que pregunte e investigue el por qué de las cosas. Pero que no nos aleccione sobre qué está bien y qué esta mal; ni decida que comulguemos con ruedas de molino simplemente porque hemos sintonizado su emisora.




Segmentación
Estamos hartos de estudiar sobre segmentación de mercados en periodismo. Este programa se dirije a este público, y está claro que tiene que ser de ésta manera para que se entienda y se acoja con el suficiente éxito. Pero cuando se trata de información, no se puede dar la información que a cada grupo le interesa, o de la manera que le interesa. Supone lo mismo que enseñar a un niño sólo Ciencias Naturales, y no Literatura.

¿Son los profesionales de la comunicación los únicos responsables de los mensajes?
Probablemente no, pero sí debemos ser conscientes de la difusión que éstos mensajes tienen. Y que, como hemos venido diciendo durante todo el artículo; no se pueden meter en el terreno de otros. No es necesario ser un libro de texto ni un púlpito. Sólamente hay que contar. Y se cuenta mejor o peor, sin necesidad de mezclarse en lo anterior

Hasta la vista, ciberespacio. Sobre todo, al que pudo llegar al final de la entrada. Mil gracias.

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