miércoles, 14 de enero de 2009

La teoría del post-it

No nos engañemos. Ya nos hemos hartado de la idea vitalista de vivir el momento presente, ya dejamos de ser poetas muertos, y olvidamos extraer el meollo a la vida. Simplemente dejamos de hacerlo, porque no resultaba productivo. Había que dedicarle mucho tiempo a pensar, y pensar; sentir que uno está vivo; vivir cada momento como si fuera el último… Y no quedaba tiempo para las cosas importantes. 3010617013_ea09036f21

Las cosas importantes. Para el Principito eran, básicamente, las que hablaban las personas mayores: el polo, el bridge, las corbatas… Nosotros las hemos acoplado a un formato mucho más cómodo, portátil y fácil de acomodar a la filosofía posmoderna del usar y tirar. Las cosas importantes las hemos convertido en un post-it, en uno de esos papelitos de usar y tirar que pueblan nuestra vida, y la llenan de color (amarillo) y de pegamento.

La vida –qué vértigo da escribir esto-, enfocada como una constante superación de esos papeles de color amarillo eléctrico. El porvenir inscrito en pedazos de papel con adhesivo en la parte superior. Un adhesivo tremendamente útil para ser colocado en cuadernos, agendas, carpetas, ordenadores, frigoríficos, mesas, sillas, en coches… Un adhesivo que entraña en sí mismo un compromiso: el que se adquiere hasta el momento de quitarlo, de retirarlo de su lugar –venciendo la reticencia del pegamento, acomodado ya a la superficie- de hacerlo trizas y echarlo a la papelera. Un momento que no llega nunca en el plazo acordado, y que muchas veces no supone haber cumplido en su completitud la leyenda de la tarjeta amarilla.

Puede que no lo utilicéis en su sentido físico –ése que yo me he encargado de subrayar en las últimas líneas- pero está dentro de tu cultura. La cultura de las tareas hechas, los asuntos cerrados, los proyectos con fecha de inicio y fin… Son distintas formas de llamar a los mismos canes que nos aprietan la pantorrilla, y muchas veces fuimos nosotros los que les dejamos apretar los dientes. Son las esclavitudes de la sociedad opulenta; que, pese a que ya nos sobran, necesitamos imponernos más. Quizás tenemos miedo al tiempo vacío, al espacio libre, al momento en el que nos encontramos con la miseria y la grandeza de nuestro propio ser.

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No seré yo el que os alerte contra la dictadura del indefenso amigo amarillo, no seré tan cruel. Y no lo haré, porque en el mismo ordenador en el que escribo descansan un par de ellos. Y puede que despierten. Permitidme, pues, que deje paso al silencio; no me obliguéis a hablar más, porque puede que despierten. Y entonces… no sé que será de mí. Porque levantarán sus pestañas, vociferando los múltiples puntos que en ellos anoté y todavía no cumplí.

Esperad un poco, porque puede que llegue el día –espero más pronto que tarde- en el que uno de ellos se vea desarmado por completo. Puede que cumpla todas las letanías que sentencia en su cuerpo amarillo, y entonces, lo retiraré. Y lo haré mil pedazos, que dejaré flotar hasta la papelera, o hasta ningún sitio, si consigo hacerlos suficientemente pequeños.

Será entonces el momento… de volver a poner otro nuevo. Y todo vuelve a empezar.

¿Eres feliz? No lo sé. Mañana te contesto, hoy tengo cosas que hacer.

 

Hasta la vista ciberespacio. Si no te mereció la pena llegar hasta el final, lo siento. Pero a veces hay que vomitar ciertas entradas para tener la mente más limpia y pensar cosas nuevas.

 

 

 

FUENTES:

A propósito de un artículo que leí este fin de semana en El Semanal de El País (al que me es imposible realizar un enlace, porque no está colgado). El artículo se titulaba “Formas peligrosas de vivir la vida”, se localizaba en la sección de “Psicología” y examinaba diversas metáforas vitales: la vida como un camino cuesta arriba, como una sucesión de metas, como un combate… A partir de esto surge la teoría del post-it.

Bueno, y también al ver mi ordenador lleno de papelitos con adhesivo.

3 comentarios:

Samu dijo...

joe, como estamos!!

entrada sugerente con la que también me siento identificado, aunque jamás le daría tanta profundidad a un post-ít... y sin embargo, deseando que acabe el febrero que todavía no ha empezado para deshacerme de todos esos post-it que marcan inacabables trabajos y exámenes...

Anónimo dijo...

Intento leer casi todo lo que escribes, y eso que leer... no es ninguna de mis aficiones, pero esta entrada me gusta màs que ninguna, asique aquì te dejo mi particular "post-it" de una anònima.

Ànimo!! y sigue escribiendo tan a tu manera.

Esperanza dijo...

En esta convocatoria he comprado post-it por primera vez. Una agenda ya no me parecía suficiente para organizar mi vida y llenarla de "cosas importantes"