domingo, 5 de abril de 2009

Por qué nos reímos al ver “Gran Torino”, y por qué terminamos llorando

Ayer tuve la oportunidad de ver la última película de Clint Eastwood, “Gran Torino” (ficha en IMDB), una película que algunos denominan como testamento del célebre actor y director. 

15La película se basa en una radiografía de antiguo barrio residencial de cualquier ciudad de la América profunda, una de aquellas calles con las fachadas blanqueadas y pasillos traseros por los que se saca la basura. Pero este barrio ya no es un remanso de paz y tranquilidad sólo perturbado por las andanzas de cualquier aspirante a Daniel El Travieso, sino que ha perdido su predominante acento norteamericano para convertirse en una amalgama de culturas distintas (vietnamitas, mejicanos, irlandeses, italianos).

Walt Kowalsky (Clint Eastwood), un ex-combatiente de la guerra de Corea, a raíz de la muerte de su mujer, comienza a encontrarse definitivamente sólo ante culturas que no comprende, y dado de lado por unos hijos que nunca pensaron más allá de su propia felicidad. De esta manera, durante la primera hora de película Eastwood nos regala un incesante muestrario de gruñidos e insultos, ante los cuales el público del cine ríe a carcajada limpia.

¿Por qué nos reímos cada vez que el protagonista hace mención a “los rollito de primavera”, o “los cara de pomelo”? Posiblemente, porque nos vemos detrás del personaje de este tipo chapado a la antigua, que no comprende lo que vienen a hacer estos “extraños” a su barrio. Porque no se adecúan a su estándar del buen vecino; porque todavía no es capaz de distinguir la paja del grano, y los reduce todos a “vietnamitas”. Nos reímos, porque somos un poco como él, o porque deseamos no reconocer que nos parecemos más a él de lo que nos gustaría.

taquilla-usa-clint-eastwood-logra-el-mejor-estreno-de-su-carrera-con-gran-torino Escena de la película (Foto: Notas de Cine)

De manera más o menos fortuita, la película nos va adentrando en la mente de este tipo hosco, maleducado y gruñón; nos invita a conocerlo y observar desde su porche. En cierto modo, como se apuntaba en la entrevista que concedió para el Magazine de El Mundo, es un personaje que busca la redención.

En cierto modo, la película encierra más de un drama en sí; no tan sólo el drama de la convivencia y el choque, sino la formación del carácter, la experiencia del aprendizaje (tan habitual, por otra parte); y sobre todo, la idea de una sociedad alejada de sus mayores. Como declaraba el director en la entrevista ya citada al Magazine de El Mundo:

P. Su película habla de la crisis entre la vieja generación (usted interpreta a un veterano de Corea de origen polaco) y la nueva sociedad multicultural (el conflicto nace con la comunidad vietnamita recién llegada a Detroit). ¿Es ésta la crisis con la que se enfrenta Obama?
R. Sí, pero la crisis está ya dentro de la sociedad. Vivimos en una sociedad que no sabe cuidar de sus mayores. Ni las familias ni el propio sistema de sanidad. Quizá es el momento de aprender de los que llegan ahora a EEUU, como los vietnamitas de la película. Ellos sí saben qué hacer con sus ancianos, por ejemplo. Aprendamos de ellos.

No desvelaré más sobre esto. Simplemente me remito a la secuencia del cumpleaños de Walt. En ella se explica bastante esta idea.

En definitiva, y para no aburrir mucho más, una película muy buena. Para las últimas cosas que he visto en cine, de lo mejor, aunque no tengo la experiencia cinematográfica para asegurar que pueda ser la mejor de la filmoteca Eastwood. Lo que sí que es cierto es que ha tenido un gran comportamiento en taquilla, ante la amenaza de “Los abrazos rotos” de Almodovar.

Merece la pena acercarse al cine para observar los gruñidos del bueno de Walt. Si tenéis tiempo, no lo dudéis.

 

Hasta la vista, ciberespacio.

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