sábado, 31 de octubre de 2009

¡Ah!, y los podcasts de la semana de la pobreza

Casi se me olvida dejarlos por aquí... Espero que los disfrutéis. Espero que los problemas con mi grabación de voz se vaya mejorando, en cuanto me haga con un micro como Dios manda... Hasta la vista, ciberespacio.

jueves, 22 de octubre de 2009

Doble entrada en AlterPolítica: Semana de la Pobreza

Esto no es una entrada, es más bien una recomendación. Como no puedo estar seguro –y sería algo pretencioso por mi parte- de que sigáis CeroPretensiones, el medio en Red formado por blogs en el que participo, os recomiendo los dos últimos artículos de esta semana sobre la Semana de la Pobreza.
Estuve pensando en titularlos: “Una de cal… y otra de arena”, porque uno trata la manifestación contra la pobreza del viernes pasado, en la que la fiesta y el ambiente esperanzador brotaba por doquier; y el otro trata sobre una mesa redonda producida en La Casa Encendida, en la que pudimos poner los puntos sobre las íes, y descubrir datos tan agradables como que en 2008 se contabilizan más de 1020 millones de personas en situación de hambruna. Casi un sexta parte del mundo.
Al final, como nunca tuve muy claro cuál era la buena, la de cal o la de arena, los títulos de mis entradas de esta semana han sido algo más convencionales:
Os recomiendo ambos: el primero por el buenrrollismo y las fotografías tan estéticamente agradables que pude tomar, en una incomparable tarde madrileña soleada (¡quién la pillara ahora!), y el segundo por la solidez y la rotunidad de sus argumentos.
Y, además, todavía me falta por hacer los podcasts de ambos actos. Algo que dejaré, como buen español para mañana. De momento, os dejo algunas fotografías para abrir boca…
 ManifestaciónPobrezaCero [16-X-2009] 003
ManifestaciónPobrezaCero 16-X-2009 006
ManifestaciónPobrezaCero [16-X-2009] 001
ManifestaciónPobrezaCero [16-X-2009] 035
Hasta la vista, ciberespacio.

Fotos: Miguel Ángel Moreno

jueves, 15 de octubre de 2009

Fin de semana de cine: “Ágora” y “Malditos Bastardos”

Este fin de semana tuvo mucho de cine, por aquello de ser puente y de haber mucho más tiempo disponible; y de tener amigos y familia dispuestos a ello. Ya que, tal y como tarantino_fotoestá el cine de caro, no es plan de desperdiciar, aproveché para ver las dos películas sobre las que más chorros de tinta se han gastado en los últimos días. Por un lado, la última película de un director que a nadie ha dejado indiferente, odiado y adorado a partes iguales, pero al que nadie puede negar un estilo propio y –parece- bastante efectivo: el amigo Quentin Tarantino, con sus Inglorious Basterds. amenabar

Por el otro, el tan esperado estreno de una de las películas que se han anunciado con mayor antelación en la historia del cine español, y la primera a la que podemos considerar una gran superproducción al estilo hollywoodiense. Y digo la primera porque, aunque Alatriste tuviera gastos de superproducción, le faltó el gesto que hoy, toda  superproducción requiere: grabar en inglés. Es la única receta para conseguir que una superproducción tenga los ingresos que la hacen rentable porque, de momento, con el mercado español y latinoamericano todavía no sirve. Me refiero, evidentemente, a Ágora, de Alejandro Amenábar.

Así que, si vais a ir a verlas, espero que lo que os cuente ahora os sirva. Intentaré no cometer spoilers.

 

Ágora, o cuando una película sólo te ofrece un camino

Verdaderamente, tenía mucha ilusión en la nueva película de Alejandro Amenábar. Mis razones se basaban en que todas sus películas me habían dejado una muy buena sensación, cada una en su género, y la mayoría me habían permitido pensar, habían creado algún tipo de conflicto en mí… Mi percepción del cine de Amenábar, por tanto, es la de un cine que servía de pretexto para algo más que para pasar el rato. La película me pareció aún más interesante cuando oí toda la polémica que se estaba montando a partir de la crítica religiosa que se hacía en ella.

¿Qué fue lo que encontré en la película? En primer lugar, una crítica al fanatismo religioso, una recreación histórica de una etapa en la que el cristianismo se extendía, y confundía un mensaje religioso y moral con una expansión de poder, también en lo territorial. En segundo lugar, el rescate de una de las mujeres más relevantes de la Edad Antigua, olvidada, como tantas otras, en los desvanes de la Historia. Y, por último, un drama deficientemente construido, como con una cierta desgana, con difícil interconexión entre sus partes.

Siempre he pensado que el Cristianismo tiene que reconciliarse con su propia historia –y lo dice uno que es cristiano-, y eso significa aceptar una historia de “Iglesia Santa, pero también pecadora”, equivocada y responsable de catástrofes. Pero la película, en su construcción, sólo te ofrece un camino: “religión mala, ciencia buena”. agoraSimplifica, reduce, banaliza un debate que va mucho más allá de lo que nos quieren mostrar. Y podría haber ofrecido una visión mucho más rica.

Esta semana escuché que Amenábar es quizás el autor del cine español menos “del cine español” de la actualidad; es, posiblemente, el que menos apuesta por el realismo, la crítica social, los personajes extravagantes, la charanga y la pandereta, etc. En Ágora se vuelve más americano que nunca, llegando a hacer una superproducción histórica, cuidada en todos aquellos puntos que los norteamericanos cuidan perfectamente en sus reproducciones históricas, pero faltándole un punto que el cine americano sabe hacer muy bien: incluir al espectador en la historia, focalizar su atención y sus emociones en un personaje, con el que hacemos el recorrido de la película. En Ágora no existe un personaje con el que, como espectadores, nos podamos identificar. Hipatia, la protagonista, es demasiado perfecta y desapasionada; y en ocasiones nos exaspera con sus eternas investigaciones celestes.

Por otra parte, podríamos buscar consuelo en algún otro personaje, particularmente en alguno que vemos gravitar entre los distintos bandos en cuestión. Pero, el caso es que no encontramos razones en la película que nos expliquen por qué ciertos personajes toman ciertas decisiones; falta ese pequeño trabajo en el guión que permite que las acciones estén motivadas.

Luego, hay algunas pegas más, que me comentaron algunos conocidos y podéis leer en los comentarios del nuevo IMDB.es. Son pegas bastante interesantes que tienen que ver, entre otras cosas, por el gusto de Amenábar por el Google Earth, que resulta bastante evidente, o por otro tipo de “ataques de director”, que diría mi amigo Álvaro (@aronfenix), como los planos cenitales y la aceleración de la acción…

 

Inglorious Basterds: qué gusto da llamarse Quentin…inglorious-basterds-cartel

…y pasearte por la II Guerra Mundial haciendo ficción de la buena sin que nadie se sienta ofendido. Me gustaría haber visto a Tarantino haciendo esta misma película en España sobre la Guerra Civil, o en Estados Unidos sobre la Guerra de Secesión –quizás en este último caso sí, por la distancia histórica, aunque seguro que algún confederado de por ahí se mosqueaba-.

Tarantino en Inglorious Basterds hace algo muy inteligente para recordar el conflicto armado sobre el que más se ha escrito y rodado cine de la Historia: se lo lleva a su terreno. Coloca al espectador las defensas suficientes para que nos demos cuenta que la II Guerra Mundial que vamos a ver no es “la de verdad”; nos reconoce que lo que nos va a enseñar no es “la verdad de la Guerra”, es honesto con nosotros.

Pero luego, sin embargo, nos acaba enseñando mucho más sobre la guerra de lo que parece. Nos enseña que, pese a todo lo que nos han dicho, no es tan sencillo como que “los Aliados eran los buenos y los Nazis los malos”. En una guerra, todo el mundo está algo loco, todos nos volvemos un poco “bastardos”, y en el fondo, en la guerra todo tiene un precio: el de la traición.

Y no sólo eso: Inglorious Basterds es entretenida, pese al ritmo lento de muchas de sus conversaciones –que ya es marca de la casa-, y una serie de juegos con el lenguaje y el idioma que son dignos de mención. Como lo es el trabajo de Chistoph Waltz, excepcional en todo momento y en cualquier idioma.

En fin, merece –y mucho- la pena verla. Pero sabiendo  a que te enfrentas: hay sangre –menos de la que podría haber, según algún otro amigo; hay un humor negro y un tanto bestia; y un final excepcionalmente alocado. Así que, si odias a Quentin, ahórrate venir, porque tira del sello de identidad continuamente.

 

Esto es todo, amigos. Espero que me contéis qué os parece, y me llevéis la contraria si es necesario.

 

Hasta la vista, ciberespacio.