lunes, 16 de noviembre de 2009

Leonardo Boff: “Si el siglo veinte fue el de los Derechos Humanos, el veintiuno tiene que ser el siglo de los Derechos de la Tierra”

El teólogo brasileño Leonardo Boff lanzó el pasado 11 de noviembre, desde la Universidad Carlos III de Madrid, una llamada de alerta ante la urgencia del calentamiento global, que ya está presente en el planeta y del que se notan los efectos. “Mi opción no es producir sosiego, sino angustia; la que hace pensar y discutir” proclama, parafraseando el  Evangelio.

Miguel Ángel Moreno (AlterPolítica en CeroPretensiones)

Su retrato es el de un patriarca: pelo espeso y barba frondosa, ambas de color blanco. Acompaña al busto una estatura considerable, que contrasta con una voz suave, pero firme; como si pidiera ser escuchado con mesura, invitando a la reflexión. Una reflexión en voz alta que ha sido una constante en la actividad pública del que fuera fraile franciscano, desde el ámbito de la teología, la espiritualidad y la ecología; exceptuando un año de paréntesis por imperativo vaticano, en 1985; que pudo repetirse en 1992, cuando decidió ser secularizado. Desde 1993 es Profesor de  Ética, Filosofía de la Religión y Ecología en la Universidad del Estado de Río de Janeiro; un lugar desde donde ha iniciado una labor divulgadora de la ecología y la espiritualidad con una profusa producción editorial.

Leonardo Boff acudió a la  Universidad Carlos III con un mensaje muy claro 220px-Leonardo_boffde llamada a la actuación contra el cambio climático y el calentamiento global, “que ya está en proceso y del que sólo podemos mitigar sus efectos”, lo que constituyó el eje de la intervención de éste ex-franciscano brasileño, que expuso una conferencia titulada “Cambio climático: perspectivas éticas y espirituales”.

La urgencia del tema es global y de magnitud extraordinaria, según afirma el teólogo brasileño. En la próxima Conferencia de Copenhague, tendrán que decidirse cifras para reducir la emisión de gases tóxicos, pero a ella llegará un Barack Obama que, pese a ser la gran esperanza de los luchadores contra el cambio climático, “se presenta con las manos vacías, ya que el Congreso americano votará las reformas en Diciembre”. Éste calentamiento global “es antropogénico, tiene la huella del hombre y es consecuencia del proceso industrializador”, y además, está en el origen de lo que el brasileño denomina “eventos extremos” (inundaciones, huracanes, volcanes que recuperan su actividad, tifones…).

El problema real de fondo se sitúa en el paradigma de crecimiento; un crecimiento que para el hombre “ha sido un proyecto de conquista, de explotación para producir riqueza; basado en una concepción de recursos y procesos infinitos. No podemos ir siempre en busca del futuro”. Leonardo Boff denuncia la marcha de un sistema “que funciona bien sólo para 1,6 millones de personas”, en un mundo que sobrepasa ya los seis millones de habitantes.

No fue precisamente una charla de mensajes edulcorados y positivistas, sino más bien todo lo contrario. En un discurso rico en referencias a pensadores de la talla de Isaac Asimov, Noam Chomsky, Eric Hobsbawm; Boff no tuvo reparos en afirmar que “estamos en el tiempo del mundo finito. Hay que optar por la tierra, no por el desarrollo sostenible. Hay que llevar a cabo una retirada sostenible, producir dentro de los límites de los ecosistemas”.

El cambio climático tiene también un perfil espiritual, de inversión de ciertos valores originarios del Hombre, como la noción de la “Madre Tierra”: “para la Modernidad, la Tierra no tiene espíritu, es ‘res extensa. (…) Si decimos tierra, uno la puede comprar y vender; pero si hablamos de Madre, uno no puede pensar en comprar o vender a su madre”. Boff también recuperó la noción de ser humano como “conciencia de la Tierra”, y pidió el rescate del viejo pacto natural, la necesidad de “otro mundo posible”, u necesario.

¿Por dónde pasan las soluciones, entonces? Dos perspectivas surgieron en el transcurso de la mañana, generadas a partir de dos posibles actitudes. Una, la que enfoca el problema como una crisis, que madura y permite un cambio; y otra, que se reduce a hablar de tragedia. Para Boff, es el momento de la acción de la Nôusfera (del griego antiguo nôus: “mente”), la esfera del pensamiento compartido, “la comunidad de mentes y corazones humanos”.

El turno de preguntas trajo a la palestra una cuestión ya tradicional en todo este tipo de foros, el famoso “¿y nosotros qué podemos hacer?”. La respuesta de Leonardo Boff tuvo un matiz filosófico muy poco habitual: recomendó a los oyentes la realización de “un paseo socrático: ir al mercado y no comprar nada. Aprender a mirar y descubrir cuántas cosas hay que no necesito”. Para él, la cultura del consumismo no tiene futuro a largo plazo.

Respecto a la actuación de la Iglesia Católica, con la que Boff ha mantenido una relación ciertamente conflictiva, y no exenta de enfrentamiento; la reconoció como parte del problema pero también de la solución. “La Creación lleva al Creador, por lo que hay que recuperar el aporte cristiano”. Y no sólo el aporte cristiano, sino la condición de sociedades colaborativas, que son las que nos han hecho humanos, según Leonardo Boff: “Hay que ser creativos. Está todo en nuestras mentes y en la conciencia. Tenemos que crear y buscar caminos que sean nuevos”.

1 comentario:

MiguelÁngelMoreno dijo...

Ante la imposibilidad que tiene Álvaro para publicar su comentario, lo dejo aquí por lo interesante que puede ser para motivar la reflexión:

"Bueno, te comento tu entrada. Ya decía yo que este tipo me sonaba de algo: es uno de los "fundadores" de la Teología de la Liberación, ¿no? El Vaticano le tuvo mucha tirria en los 80... creo que le llegaron a suspender un año d todas sus actividades eclesiásticas.

El problema que veo es que la solución al problema climático no puede basarse únicamente en un cambio de paradigma filosófico y espiritual, y en un "stop consumo". La espiritualidad y la filosofía me sirven en mi relación con Dios y con los demás, y en el terreno práctico un estancamiento del consumo como conducta generalizada mandaría a miles de trabajadores a la calle. El capitalismo (y su base, el consumismo) es considerado como el menos perverso de los sitemas, pero es cierto que hay que domesticarlo. Y para ello no pueden llevarse a cabo conductas "extremas" que pueden ocasionar situaciones peores que nos distraigan del objetivo final.

La pauta a seguir, a mi juicio, debe ser la del desarrollo sostenible (al que, por supuesto, se comprometan las principales potencias como EEUU, Rusia, China y los países europeos).

Me voy a remitir a Eric Hobsbawm (mencionado por Leonardo Boff) y a su texto Historia del siglo XX, en el que habla del problema ecológico en los siguientes términos: "Propuestas como las de un mundo de crecimiento cero, por no mencionar fantasías como el retorno a la presunta simbiosis primitiva entre el hombre y la naturaleza, aunque sean radicales resultan totalmente impracticables. El crecimiento cero en la situación existente congelaría las actuales desigualdades entre los países del mundo, algo que resultaría mucho más tolerable para el habitante medio de Suiza que para el de la India" Así, no habría posibilidad de procurar a la persona unas condiciones de vida dignas, para luego evangelizarle si él quiere (uno de los postilados de la Teología de la Liberación). "Los pobres, que se multiplican y están subempleados, quieren más desarrollo, no menos". Y sigue: "El índice de desarrollo debe reducirse a un desarrollo sostenible a medio plazo, mientras que a largo plazo se tendrá que buscar una forma de equilibrio entre la humanidad, los recursos (renovables) que consume y las consecuencias que sus actividades producen en el medio ambiente."