domingo, 24 de enero de 2010

Un terremoto nos confirma la existencia de Haití... y del periodismo

Pasadas ya casi dos semanas, creo que puede ser interesante abordar las repercusiones del terremoto de Haití, como acontecimiento informativo, desde otros puntos de vista. La catástrofe, en mi opinión, también puede sugerirnos cosas positivas:
  • Una en la que se está insistiendo bastante, la de que Haití existe. Un país que fue de los primeros en alcanzar la independencia, pero que ha vivido los últimos dos siglos en base a dictaduras, algunas de ellas hereditarias. Haití es uno de los cinco territorios en los que el 80% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza (según datos de NationMasters) junto con la franja de Gaza, Zimbabwe, Liberia y Chad; lo que le convierte - a excepción de la franja de Gaza - en el país más pobre del hemisferio occidental.
Un país en el que viven nueve millones de habitantes, en el que la edad media no supera los 20 años (según datos de la CIA), y que ahora se ve forzado a una reconstrucción en la que todavía la descoordinación es la nota dominante, con la amenaza permanente de los disturbios o de otros movimientos sísmicos.
  • La otra, sobre la que se reflexiona en Entre Medios, es que el reporterismo también existe. Ayer veía a los reporteros de TVE en el especial de Informe Semanal que protagonizaron Ana Blanco y David Cantero sobre la catástrofe. Vimos crónicas de calle, improvisación, titubeos en la voz... transmisión de sensaciones - de las buenas, no de las artificiales del sensacionalismo barato -. Por unos días parece que se han olvidado del recorte de plantillas, de las estrecheces presupuestarias, y ha habido decisión para hacer periodismo. Crónicas que no tienen declaraciones, sino vivencias; que no hablan de cifras, sino de personas... O crónicas como la que publicó ABC.es, en la que contándonos las penurias de los propios reporteros nos damos cuenta del estado de miseria en el que tiene que estar una población que ha pedido lo poco que tenía.
También he podido oír estos días a todas las horas al enviado especial de la SER, Nicolás Castellanos, entrando en la radio todas las veces que fue necesario, y contando lo que ocurría con una exactitud y rigor incuestionables. Tuve la oportunidad de conocerle este verano, mientras hacía prácticas en la radio, y me pareció una persona muy interesante; máxime con lo difícil que es hacer información social y sobre Derechos Humanos en un medio tradicional como es la SER. Podéis saber algo más de él en un artículo de P+DH sobre el libro que publicó con otra periodista de la SER, Carla Fibla.
Fuera del periodismo y del análisis, queda la esperanza de constatar un hecho: el de la formación de una conciencia solidaria en la población española, independientemente de la coyuntura económica. Se está convirtiendo en un tópico esperanzadoramente cierto: la solidaridad ante sucesos catastróficos como éste se moviliza; aunque nos siga fallando la generosidad duradera. Aunque todavía no hay datos claros de los fondos que han llegado desde la sociedad a las distintas ONG, por lo que a mi entorno respecta, he podido constatar que en la ONG con la que colaboro, Asociación para la Solidaridad, la respuesta ha sido muy generosa (y llegará, vía República Dominicana, en forma de alimentos y medicinas). Posiblemente, recomendaciones como la de Álvaro en su blog surtieron efecto. Hasta la vista, ciberespacio.

domingo, 10 de enero de 2010

Antiutopías

Las antiutopías o distopías son relatos que anticipan un mundo futuro con una perspectiva pesimista, con la intención de alertar sobre los peligros de la deriva del "progreso" humano. Muchos autores se han dedicado a escribir este tipo de relatos, que han llegado incluso a constituir un estilo literario como tal. Dentro de las antiutopías que han quedado en la memoria general están, como ejemplos por excelencia, "1984" de George Orwell y "Un mundo feliz" de Aldous Huxley. En ambas se relata un futuro tecnificado hasta la náusea, en la que las ideologías totalitarias (en el caso de Orwell) o la tecnificación y selección de los humanos (según Huxley) esclavizan y anulan la libertad de los hombres. Vía Sin Futuro y Sin Un Duro, podemos encontrar una tira de cómic que compara estas dos antiutopías, y nos permite detenernos a pensar sobre hacia cuál se aproxima nuestra sociedad. El autor es Stuart McMillen, que tiene varias tiras temáticas bastante interesantes. Para ver la tira de cómic, visitad Recombinant Records (html, en inglés) ¿Qué pensáis? ¿Estamos más cerca del partido totalitario de Orwell y el Gran Hermano, ahora que la polémica sobre el cierre de páginas web está de actualidad? ¿O quizás nos encontramos más en el punto de Huxley, en una sociedad que nos controla gracias a informaciones irrelevantes y saturación del ocio? Yo estoy más por la segunda que por la primera, quizás porque "Un mundo feliz" me llegó más que "1984". Hasta la vista, ciberespacio.