viernes, 17 de diciembre de 2010

Algunas ideas a la vuelta del debate sobre Wikileaks

La mesa redonda organizada por El País para tratar el fenómeno Wikileaks (la ‘Era Wikileaks', como se dijo durante el debate) registró una participación muy alta el pasado martes en el auditorio del CaixaFórum de Madrid. El debate, si bien muy esperado, no arrojó tantas claves como cabría esperar.

La cita tuvo una asistencia inesperada para ser un debate sobre periodismo. Que lo organizara El País y le diera difusión en su portada ayudó mucho a movilizar a una gran cantidad de personas, que protagonizaron colas interminables a la entrada del recinto, las cuales hicieron renunciar a más de uno a entrar al debate. De hecho, los que conseguimos entrar (yo lo hice gracias a Ángel Calleja, compañero de Madridiario, que llevaba haciendo cola y pasando frío bastante rato) acabamos en una sala anexa al auditorio viendo la mesa redonda en una pantalla gigante.

La sensación que me quedó a la salida del debate es la de constatar que seguimos un tanto perdidos en las cuestiones de la denominación de Wikileaks, de la consideración de Assange como periodista o no (lo cual tiene una gran importancia si pensamos en el delicado punto de su protección judicial, que no es la misma si se le considera parte de una organización periodística que si se le reduce sólo al de fuente), y no se llegó a analizar demasiado los contenidos de estos papeles.

Por otra parte, respecto a los ponentes dio la sensación de que acudieron "a vender su libro", sin tratar de organizar un verdadero diálogo -que sólo se dió, quizás, en las discusiones entre Javier Moreno (El País) y Borja Bergareche (ABC.es)-. Javier Moreno estaba en esa posición como representante del único diario que en España está revelando las filtraciones, algo que le sucedía de manera similar a Gilles Tremlett, pero no se entendió que Javier Bauluz -muy certero en sus primeras intervenciones- saliera con el apoyo a los medios que piden participación económica de los lectores, en una referencia muy directa a su medio digital, Periodismo Humano.

Pero del debate se sacan muchas conclusiones positivas. La primera es tan palmaria como relevante: a la gente le importa el asunto. Las colas demuestran reflejan la importancia que para muchas personas tiene este caso, además de sus implicaciones periodísticas. No estamos hablando de un debate exclusivo de geeks o de periodistas tratando de autopsicoanalizar a su profesión de nuevo. Esta vez hay un verdadero interés público.

Entre las revelaciones que realizó Javier Moreno estuvieron los 'esfuerzos' que realizó El País para estar en el grupo de los cinco diarios escogidos, además de la confirmación de que el grupo de cinco periódicos que tenía las filtraciones consultó a la Casa Blanca qué papeles consideraba que debían seguir siendo secretos y cuáles no -aunque a continuación añadió que "en algunos cables no hicimos ningún caso"-. Otra revelación de menor intensidad fue la confirmación de que El País contaba con supuestos datos sexuales escandalosos dentro de la operación Gürtel.

Borja Bergareche y Javier Bauluz ejercieron como contrapuntos críticos. Bauluz abrió el fuego cruzado sentenciando que, si bien el asunto Wikileaks es "bueno para el periodismo", también es "una vergüenza para los medios que salga por otro sitio que no sea un medio informativo". Bergareche expresó, más allá de las discusiones entre cabeceras, sus dudas sobre Wikileaks, así como su percepción de que las filtraciones van a provocar un recrudecimiento del secretismo, más que un estímulo de la transparencia.

Bergareche también expuso una idea interesante: Wikileaks puede producirse porque un gobierno como el norteamericano levanta acta de lo que hace su diplomacia (¿de todo lo que hace?), ya que "no habría un Wikileaks de China o Irán".

Las preguntas del público fueron más 'regateadas' que contestadas por parte de los ponentes, especialmente las más incisivas respecto al tratamiento informativo de El País en estos cables, o las críticas sobre la posición española ante ciertos países que se han demostrado violadores flagrantes de Derechos Humanos, además de, claro está, las consecuencias del caso de la muerte de José Couso

De alguna forma, Wikileaks nos está demostrando que a la gente le importa más de lo que parecen estos temas, y que puede que a lo mejor el debate no tenía por qué ser tan sólo periodístico, sino también social. ¿Hasta qué punto toleran nuestras sociedades la transparencia? ¿Nos hace sentir más libres, o también más vigilados, ya que la transparencia puede mezclarse también con el ámbito de nuestra vida privada? Debates como el del pasado martes te recuerdan que no todo son 'pajas mentales' periodísticas. La sociedad está ahí, y sabe lo que le interesa. Hasta la vista, ciberespacio

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