sábado, 12 de febrero de 2011

Una lección desde el Magreb

Túnez, Egipto y –en menor medida- Yemen han sido protagonistas de una oleada de levantamientos populares democráticos en el último mes que han terminado con la salida de los presidentes-dictadores Ben Alí y Mubarak, además de la promesa por parte del yemení Saleh de abandonar el poder en 2013.

La renuncia al poder que se produjo este viernes por parte del rais Hosni Mubarak, después de semanas de protestas y en el tercer viernes marcado por las movilizaciones populares, supone la caída de uno de los dictadores más apoyados internacionalmente, tanto por Estados Unidos –por su papel de garante de la seguridad de Israel en la zona de la Franja de Gaza- como por Europa.
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Imagen: Pedro Ugarte/AFP/Getty Images. Vía: The Big Picture


Mubarak se marcha, no tanto por la efervescencia de movimientos como los Hermanos Musulmanes, que suponen la mayor fuerza organizada de oposición política de Egipto -además de la “casa madre” de movimientos islamistas como Hizbulah, el “Partido de Dios” de Líbano-, sino por el empuje de una población acuciada por la desigualdad y la crisis económica. Una población que ha hecho de la Plaza Tahrir (Plaza de la Liberación) un fortín de protesta continua desde el cual ha hecho comprender al mundo la necesidad de un cambio que terminara con un líder que llevaba en la poltrona 30 años -sucesor de Anwar el Sadat, que fue asesinado en 1981, justo después de firmar el Tratado de Camp David, por el cual reconocía al Estado de Israel y se convertía en aliado estratégico de Estados Unidos-.

En la marcha de Mubarak, tanto como en la de Ben Alí en Túnez, la importancia de la población joven ha sido remarcable -gran reportaje “La rebelión de los jóvenes”, de Ana Carbajosa en El País-. Una juventud oprimida por la falta de oportunidades laborales, conocedora de su mayor formación respecto de sus padres y dominadora del terreno de las redes sociales, que descubren ante el mundo su potencial de movilización política en cualquier cultura.

Otro elemento interesante que se produce en estos sucesos, y que da que pensar respecto a las sociedades de estos países es el papel del ejército en las revueltas contra los dictadores. Tanto en Túnez como en Egipto, las fuerzas armadas tienen un carácter mediador y preventivo, y son las policías o los cuerpos especialmente vinculados con el dictador –alias “Presidente”- los que ejercen labores represivas.

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Imagen: AFP. Vía: abc.es
Una de las primeras imágenes que veíamos en las revueltas de Túnez era la de los ciudadanos abrazándose con los soldados, lo que nos da una idea sobre el papel de los militares en estos regímenes. De alguna forma, la clase militar garantiza la laicidad y la estabilidad, como ocurre también en el caso turco, donde el ejército –heredero de Ataturk, primer presidente de Turquía- supone un asidero de seguridad ante la represión y la arbitrariedad del poder.

Por último, las revoluciones –creo que ya podemos atrevernos a llamarlas así, después de que hayan salido dos dictadores, otro (Saleh) se prepare para salir y otros “pongan sus barbas a remojar”; léase Abdelaziz Bouteflika, presidente de Argelia- del Magreb nos llevan a una reflexión de fondo, quizás excesivamente optimista: la idea de que existe un músculo político laico y democratizador por debajo del ruido del islamismo radical. La sensación de que, en países de mayoría islámica con ciudadanía bien formada, hay muchas cosas más que islamismo y que se pueden formar gobiernos equilibrados, con presencia islámica, pero en un sistema equilibrado.

Bien es cierto que en Túnez no existía un movimiento islámico importante que pudiera catalizar el cambio, pero en Egipto sí que existe, los Hermanos Musulmanes, y todavía no hemos visto que tenga una relevancia fundamental. Habrá que esperar a que se formen gobiernos para entender cómo se desarrolla políticamente la revolución egipcia.

Mientras tanto, los países del Magreb han abierto una vía a la democratización de sociedades muy cerradas, injustas y consolidadas con la aquiescencia de los “campeones de la democracia”. ¿Tendrá Occidente que aprender a “revolucionarse” respecto de sus propios dictadores, es decir, de los mercados financieros?




Hasta la vista, ciberespacio.

1 comentario:

Álvaro Méndez dijo...

Muy acertada tu reflexión Miguel. La verdad, espero que esta revolución sea realmente la que pueda llevar la democracia (tal y como la entendemos en occidente) a los países árabes.

En cuanto a lo de los Hermanos Musulmanes... da qué pensar, la verdad. A mi me dan un poco de miedo... pero el otro día hicieron una entrevista en El País al ex-portavoz y decía que Egipto debería ser laico y que el modelo a seguir era Turquía. Me gustaría creerle... pero vamos, que en unos mesecitos tendremos la respuesta.

Un abrazo crack