miércoles, 17 de agosto de 2011

JMJ, día #1: La avalancha y una visión personal

La Jornada Mundial de la Juventud se puso en marcha finalmente este martes en la glorieta de Cibeles de la capital, que vivió una verdadera avalancha de peregrinos concentrada en la espina dorsal del tráfico madrileño: el eje Paseo del Prado-Recoletos-Castellana. En una eucaristía multitudinaria, retransmitida en varias pantallas gigantes, se dio el pistoletazo de salida a la recepción del papa Benedicto XVI.

 Los peregrinos españoles también quisieron hacer ruido (Foto: Miguel A. Moreno)

Las colas de peregrinos de la mano en el metro, los confesionarios instalados en el Parque del Retiro, el ruido y las guitarras, los cortes en el transporte público... Han marcado un día en el que se ha podido escuchar el primer discurso del arzobispo de Madrid, que ha recorrido la historia de las JMJ y ha definido el panorama actual de los jóvenes como un panorama "con raíces debilitadas en un rampante relativismo espiritual y moral".

 Un grupo de peregrinos en el momento de la proyección de un mensaje de Juan Pablo II (Foto: Miguel Ángel Moreno)
 Un grupo de peregrinos ¡de Guam! (Foto: Miguel Ángel Moreno)
 Los peregrinos que salen de Cibeles llegan a Atocha (Foto: Miguel Ángel Moreno)
Panorama de los andenes de Atocha hacia´Móstoles y Parla a las 22.30  (Foto: Miguel Ángel Moreno)

Y desde un punto de vista personal...

Las manifestaciones en medios anti y pro JMJ estimulan una dialéctica de sordos y ciegos entre los que no quieren comprender qué lleva a esos jóvenes ruidosos y de vestiduras multicolores a llegar a Madrid y los que se pierden entre la fastuosidad del evento sin plantearse hasta qué punto la Iglesia es lo que muestra la JMJ o solo es una ración edulcorada de entusiasmo veraniego juvenil.

Las redes sociales (al menos las del que escribe aquí) bullían durante todo el día de actividad entre acérrimos y 'damnificados' por las Jornadas Mundiales de la Juventud, en la que unos se apoyaban en otros para criticar/loar lo mal/bien que le parecen estos 'saraos' pontificales.

Las críticas, con las que yo mismo estoy de forma razonable y desde un punto de vista creyente, respecto a la financiación, el uso de espacios públicos, el gasto en seguridad y movilidad, etc. Han mutado en faltas de respeto, apelativos a peregrinos, rechazo mal expresado y canalizado, que da mucho que pensar sobre la supuesta 'tolerancia' de la que presumimos en nuestra sociedad. Y eso, tanto en redes sociales como fuera de ellas.

Pero, desde el punto de vista del creyente, aun estando en plena eferverscencia, la duda sobre si la JMJ es realmente una muestra de lo que se vive en la Iglesia, o no una versión encapsulada para mostrar al mundo con un marcado aligeramiento de edad sigue en pie,al menos en mi caso. No es hoy el día para juzgar frutos en cuanto a la vivencia de los peregrinos -que es, para mí, lo único importante y el objetivo de la JMJ- pero sí para plantearse que algunas críticas -las hechas desde la comprensión y el respeto- deberían no caer en saco roto.







Hasta la vista, ciberespacio creyente y descreído.

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