viernes, 5 de agosto de 2011

La deriva

Éramos todos muy ingenuos y muy pacíficos. Y lo seguimos siendo, pero el ambiente ahora está enrarecido. Tras dos cargas policiales anoche, en una revitalización de las concentraciones motivada por el desmantelamiento del punto de información del 15-M en la Puerta del Sol, el aire que se respira en Madrid se hace un poco distinto.

No he participado en las últimas concentraciones por una mezcla de ocupaciones y de compromisos -entre ellos el estudio académico de la repercusión mediática del propio 15-M-, pero la sensación que da es que la actuación de la policía -que bloqueó Sol todas las tardes sobre las 20.00 horas a partir del desalojo, que se produjo el lunes- ha cometido un error de bulto. Bajo la excusa, repetida en innumerables ocasiones, de que "la primera quincena de Agosto es la única policiamente viable", y la prevención de la Jornada Mundial de la Juventud también en el ambiente, las fuerzas de seguridad del Estado han generado un pulso con los manifestantes con la única pretensión de mantener la Puerta del Sol deshabitada.


¿Tendrá que ver el cambio en el Ministerio del Interior en la repentina contundencia policial? Lo que sí parece seguro es que los comerciantes, la eterna preocupación de muchos políticos (especialmente los del Gobierno de la Comunidad de Madrid) tampoco estarán aplaudiendo la actuación policial, que está llevando a cortes de transportes y de circulación de personas en horas de tránsito comercial.

Tampoco podemos estar contentos desde el ámbito de la profesión periodística. Lo que no ocurrió en las semanas posteriores al 15-M está ocurriendo hoy: toques de atención y empujones sufridos por muchos compañeros y que han contado en Twitter. E incluso la detención de un compañero de Lainformacion.com, liberado al día siguiente (vídeo, Lainformacion.com), por estar, simplemente, utilizando su móvil apoyado en un poyete (la detención se puede ver en este vídeo alojado en Youtube, minuto 8).

Y, por detrás de todo esto, la JMJ. Estoy escuchando ya las previsibles reservas (que yo mismo comparto hasta cierto punto) sobre su financiación, el uso de fondos públicos (de lo que intentaré hablar en otra entrada), la llegada del Papa como jefe de Estado o no, Telemadrid y RTVE, etc. Las entiendo, aunque haya cosas que no comparta (y otras que sí).

Pero por donde no puedo pasar es por que de todo esto se saque un sentimiento anticatólico, que no tiene nada que ver con el espíritu inclusivo que tenía el 15-M desde el principio. Podemos hablar (y seguramente debamos) sobre la laicidad del Estado, la separación Iglesia-Estado, sobre lo que sea. Pero que a nadie se le olvide -como les comenté esta mañana a los compañeros de @AgoraSolRadio, gente muy maja, por otra parte- que muchos de los que nos hemos indignado durante estos meses también somos creyentes. Y si se pierde esa universalidad y tolerancia en la protesta, se va a perder parte de su esencia.





Hasta la vista, ciberespacio

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