martes, 10 de enero de 2012

Buenos Aires sudoroso y sorpresivo

Abrimos este 2012 con una entrada desde la Argentina en la que quien suscribe ejercerá a partir de estos días calurosos de enero en el Cono Sur su actividad profesional. Buenos Aires nos recibió con altas temperaturas y una concentración de humedad impensable para un madrileño -que todavía no ha sido identificado como 'gashego' por los porteños-, pero en la que también pudimos llevarnos una gran sorpresa y, ¿quién sabe? quizás un feliz augurio.

La primera observación de cualquier europeo que llegue a Buenos Aires un enero no deja de ser palmaria: los porteños sudan. Y mucho, ya que la ubicación al nivel del mar, con el Río de la Plata, hace que la capital argentina sea un reino de humedad en los meses de verano. Esto provoca que la mayoría de los capitalinos traten de refrescarse en las provincias del interior, en las múltiples playas de la costa argentina -la más cercana a Buenos Aires, a unos terribles 300 kilómetros- o, los menos afortunados, en las piscinas, que aquí se denominan piletas.

Incluso en enero, un mes habitualmente desprovisto de noticias para los argentinos, debido a las vacaciones, en el que incluso los canales todo noticias dedican seguimiento en directo al rescate de un ahogado en una playa platense -y esto es absolutamente verídico, aviso-, la polarización periodística sigue siendo parte del paisaje. En este caso fue la operación de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, cuyo cáncer de tiroides finalmente se reveló como benigno tras la intervención, la que dio cancha a un nuevo rifirrafe entre medios como Clarín o La Nación, y los más oficialistas, incluyendo la portavocía del Gobierno estatal.



Sin embargo, Buenos Aires en enero tiene sus ventajas. La principal es la caída del tráfico, imposible la mayoría de los meses del año y algo más fluido entre enero y marzo. Esto permite pasear por la ciudad con mayor facilidad como peatón, siempre con el ojo avizor para descubrir dónde está el semáforo al que corresponde cada cruce -en las intersecciones, los semáforos se sitúan pasado el cruce, en lugar de en la línea donde el coche se debe detener- y sorteando la conducción caótica de los argentinos.

Los argentinos, de partida, responden bastante bien al prototipo lingüístico que de ellos tenemos los españoles. Expresiones como boludo, o pelotudeces se pueden oír con facilidad en el Subte -el metro, para los no iniciados- y la palabrería también forma parte de sus rasgos, lo que les permite ser mucho más acogedores de lo que uno cabría esperar.

Por último, que Buenos Aires esté desprovisto de su habitual tráfico imposible permite aventurarse a cruzar la ciudad en colectivo -autobús urbano- y encontrarse con una escena tan imprevisible como enternecedora.

Tras 20 minutos de sudoroso cruzar la ciudad de centro a norte, una persona ciega -o que pretendía parecerlo- se sube al colectivo y, avanzando a tientas agarrado a la barra horizontal reclama la atención de los pasajeros prometiendo unos pequeños escritos al precio que el lector quisiera poner después de echarles un vistazo. "Ustedes siempre han sido buenos críticos de mi obra", reconoce, "así que pónganle el precio que quieran".


Sorprendido por la escena, no puedo evitar coger uno de sus libritos, denominado "2012: El triunfo de la esperanza", y le dejo algún dinero por él en el bolsillo de la camisa. El panfletillo, de menos de 20 hojas de octavilla, es una suma de buenos deseos para este nuevo año, con ese estilo tan argentino a la hora de adjetivar:


"Te espero 2012, pero trata de ser lo más imperfecto que puedas, la perfección no depara sorpresas. Pero siempre deja la puerta abierta que yo estaré con los brazos abiertos, esperando que alguien entre de golpe y me abrase como antes y se rompa como un cristal el sueño imperfecto de la despedida...

...Abrázame fuerte, y fabrícame un nuevo mundo de 365 días y habítalo de cosas y seres imperfectos que yo me tomaré el perfecto trabajo de hacerlas perfectas..."

La escena, absolutamente verídica, sería lo más parecido a este corto publicitario, cómo no, también argentino:










Hasta la vista, ciberespacio extraporteño, y al porteño también (por si acaso).




4 comentarios:

Lydia Arahana Ramos García dijo...

Hola primo!!!
Que de palabras de jerga has aprendido en tan poco tiempo, sigue actualizando tu blog y mantennos al dia :-)
Que bien que hayas podido hacer una entrada tan rapido. Ah! queremos fotos!!
Besos
pd. que ENVIDIA me da el buen tiempo, aunque sea humedo, odio el invierno

Anónimo dijo...

Vaya pues suena interesantísimo vuestro aterrizaje allá. Y que a punto ese texto que te ha venido a encontrar en el colectivo, para colgar en Lo alto cómo buenísima perspectiva. Besos a los dos. Pepa, bueno allá mejor M@José.

CANDIDO dijo...

MUY BUENA TU CRONICA. BESOS PARA LOS DOS.

Carmen Pilar Moreno dijo...

Pues si que es una bonita historia! Ayer se lo leí a la abuela y le encantó, no hacía más que preguntarme ¿pero esto lo ha escrito Miguel?
Ala! a seguir escribiendo que esperamos conocer Buenos Aires a través de vosotros :)