miércoles, 16 de mayo de 2012

Micropost: "Gobernar es tan insatisfactorio como simple"

Aunque vivir y trabajar en Argentina me obliga lógicamente a seguir la actualidad de este país muy por encima de la española, con lo que eso conlleva a sus medios de comunicación, hay una cosa que no perdono: la radio española. Aunque suene a añoranza, sigo aprovechando los servicios de podcasting de las cadenas para enterarme de lo que ocurre. Y hace una semana tropecé con una muy interesante reflexión de Carlos Alsina, director de La Brújula en Onda Cero. Ahí os la dejo.

Carlos Alsina dirige La Brújula desde 2005, un programa de noticias nocturnas al estilo del Hora 25 de la SER o de otros muchos que pueblan la radio española. Al estilo habitual de estos programas, inicia cada edición con un monólogo, en su caso bastante más dilatado que el de otros colegas de distintas emisoras, en el que comenta lo que ha dado de sí el día con un cierto matiz irónico. Quizás la ironía es, precisamente, uno de sus fuertes, y lo más importante del comentario. Es del día 7 de mayo, esa mañana Rajoy había dado una entrevista a Carlos Herrera (también de Onda Cero), y Alsina comenzaba recordándole que "tampoco le había dolido tanto", pero lo interesante viene después. Ahí lo dejo, las negritas son mías:

Hoy el presidente dio este paso -por fin- de admitir abiertamente que está haciendo aquello que dijo que nunca haría, no sólo en materia de impuestos. Ha habido cambios de criterio, los está habiendo en este mismo momento, y los seguirá habiendo siempre que el presidente lo considere pertinente. En resumen, la plantilla argumental que empleó Rajoy esta mañana en casi todos los asuntos que le planteó Carlos Herrera fue ésta: “No me gusta hacerlo, dije que no lo haría, pero si es bueno para los intereses de España lo haré”. La semana pasada comentamos en la tertulia que todo el mundo, también quien gobierna, tiene derecho a cambiar su punto de vista sobre algún asunto.

Pero cuando eso sucede conviene que haga dos cosas: una, que admita ese cambio; dos, que explique las razones del mismo. Si el gobierno deja de gastar energía en camuflar sus cambios de criterio, en llamarle “regularización fiscal” a la amnistía, en resistirse a llamarle “IVA” al “IVA” y en pretender que las hemerotecas no están ahí, tanto mejor porque así dedicará su ingenio y si esfuerzo a cosas más serias. Otra cosa es que la explicación de las razones para cambiar de recetas siga siendo floja, porque, escuchando al presidente, todo se reduce a que “no tiene más opción”. Es decir, que cuando sube impuestos es porque no queda más remedio, cuando abarata el despido es porque no queda más remedio y cuando rescata bancos es porque no queda más remedio. No me gusta nada de lo que estoy haciendo, pero es mi única opción.

Visto así, gobernar debe de ser tan insatisfactorio como simple. Hay poco que pensar, o que valorar: sólo hay una opción, pues la tomas. Y dado que lo único inamovible, lo único fijo en esta hoja de ruta, es el puerto al que hay que llegar -5,3 % máximo de déficit a final de año-; y dado que, como ahora se admite, se van tomando medidas en función de los acontecimientos e independientemente de lo que se hubiera, antes, anunciado, cabe concluir que el gran cambio que nos han traído estos cuatro años de crisis es la constatación de que el gobernante no sabe, en realidad, lo que hará mañana; lo que hoy expresa como principios sucumbirá mañana al vaivén de los acontecimientos y a ese otro principio que se cita para cerrar cualquier discusión -acogiéndose a sagrado-: por encima de todo están los intereses generales de la Nación. No es un reproche, es la descripción de lo que ha sucedido desde 2010 hasta hoy cada vez que el gobernante ha modificado su criterio para hacer aquello que antes combatía.
Creo que la reflexión merece la pena: al final, lo único que nos deja la crisis es la sensación de que la política ha perdido la partida. Que da igual los idearios y las ideologías o, mejor dicho, que éstos solo se podrán vislumbrar siempre y cuando la prima de riesgo -o 'riesgo país', como lo llaman acá- esté  tranquila.







Hasta la vista, ciberespacio.

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