viernes, 6 de julio de 2012

La condena no es lo importante

Ayer conocimos -y en Argentina, lo vivimos intensamente- la sentencia del juicio por la apropiación de niños y niñas menores de 10 años por parte de los gobernantes de facto durante la última dictadura militar argentina (1976-1983), que desembocó en la condena de Jorge Rafael Videla a 50 años, y de Reynaldo Bignone a 15, ambos expresidentes del gobierno dictatorial. Sin embargo, la condena no fue lo más destacado de esta sentencia, sino la afirmación por parte del tribunal de que efectivamente hubo un plan sistemático para el robo de estos menores.

Si en alguna cosa Argentina puede presumir de estar a la vanguardia del mundo, seguramente es este proceso de 'memoria, verdad y justicia' del que ya he hablado en otras entradas de este blog y que ha llevado desde 1983 -y con muchos contratiempos, marchas atrás y reinstauraciones de la impunidad- al desenmascaramiento de los crímenes de la dictadura y los juicios a sus responsables

Podría haber sido la sentencia de ayer una más de las que se concretan contra Videla o Bignone, como cabezas visible de un régimen del que muchos jerarcas ya han fallecido, pero fue algo más, ya que concretó uno de los aspectos más terribles de la dictadura a nivel jurídico, y desterró las incesantes negativas por parte de los represores: que hubo apropiación de niños, que fueron separados de sus madres -'desaparecidas' por la dictadura- y entregados a familias en connivencia con los militares. Éste es el hito, y no otro.


Resultó emocionante ver junto a muchos argentinos militantes de organizaciones por los Derechos Humanos como Abuelas de Plaza de Mayo, las artífices de este caso a partir de años de lucha y del trabajo para conformar un banco genético en el que miles de familias depositan su ADN para intentar localizar a sus nietos, y también con agrupaciones políticas -entre ellas las kirchneristas La Cámpora y Kolina- con mucha gente joven concienciada por la importancia de esta sentencia.

"Que tengan un juicio justo, el que no tuvieron nuestros hijos", me comentaba una de las Abuelas de la Plaza de Mayo, Buscarita Roa, antes de entrar a la sala del tribunal, además de reconocerme que, pese a que están contentas por el proceso judicial, su felicidad no es completa mientras sepan que los militares siguen sin reconocer los delitos ni ofrecer la información que pudiera permitirlas conocer el paradero de sus nietos o el lugar donde reposan los restos de sus hijos.
Muy presente el cartel del Colectivo Arte-Memoria, con el que ya hablé para la agencia.

Sin embargo, si esta es una historia de éxito es por los nietos 'recuperados' por las 'locas de Plaza de Mayo'. Niños que hoy son adultos, que habían crecido en la mentira, como Francisco Madariaga, que vio ayer como sus padres 'apropiadores', aquellos que conocían quiénes eran sus verdaderos progenitores y que lo ocultaron en connivencia con el régimen, eran condenados también junto a los militares.

Otros, como Sabino Abdela, crecieron creyendo que habían sido adoptados y decidieron, ya con la mayoría de edad, hacerse un examen de ADN que acreditó que sus padres formaban parte de los 'desaparecidos' por el régimen. Entre ellos, especialmente la gratitud a las Abuelas es la nota dominante. "Hay que ayudarlas porque se están poniendo viejitas", aseguraba.

Entre estos nietos que pudieron volver a su antigua identidad estaba también Macarena Gelman, la nieta del poeta argentino Juan Gelman -que aparece en el vídeo que hicimos en la agencia, más arriba-. Para ella, como para todos los presentes, lo importante es que se reafirma la existencia de un plan sistemático, una organización desde el aparato estatal para robar a los hijos de las mujeres detenidas en campos clandestinos de detención y enviarlas bajo una identidad distinta a familias afines. 

Algo que ya no puede negarse porque está en una sentencia, en el papel de la Justicia, el que no utilizaron los represores pero en el que sí han sabido apoyarse las víctimas.






Hasta la vista, ciberespacio.

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