viernes, 3 de agosto de 2012

Soldados de Cristina

Son los responsables de que los actos de la presidenta argentina Cristina Fernández tengan más parecidos con un partido de fútbol que con una declaración institucional, también son parte del legado del difunto Néstor Kirchner y además están logrando cada vez más una presencia institucional sobre la que ya recelan muchos de los viejos militantes justicialistas (peronistas). Hablamos de La Cámpora, una de las organizaciones juveniles más de moda en Argentina.

La periodista Laura Di Marco, del diario porteño La Nación, opositor al actual gobierno de Fernández, publicó el pasado mes de marzo un controvertido ensayo sobre esta agrupación política juvenil, a cuyos miembros caracterizó como "los herederos de Néstor y Cristina Kirchner". En este texto periodístico analiza tanto el surgimiendo de la agrupación, de la mano del entonces presidente y dirigida por su hijo, Máximo Kirchner, como a sus principales líderes, los que constituyen la "mesa chica" de dirigentes del grupo.

Se trata, según la interpretación de Di Marco, de un grupo para nada desdeñable en la actual política argentina, si contamos que entre sus miembros están el emergente viceministro de Economía Axel Kicillof, que se hizo muy popular en los últimos meses como ideólogo del proceso de expropiación de la petrolera YPF a la empresa española Repsol, quien a la vez es uno de los gerentes de Aerolíneas Argentinas, la línea aérea de bandera del país, que dirige otro 'camporista', Mariano Recalde.

La Cámpora toma su nombre del expresidente argentino Héctor J. Cámpora, fiel del tres veces presidente argentino Juan Domingo Perón, y cuya breve presidencia -de 49 días- sirvió para dar paso al general tras el fin de su exilio, en 1973. Su figura de fidelidad a Perón y su carácter de 'tío' simbólico -el 'padre', obviamente, era Perón- de los jóvenes peronistas que exigieron al anciano general un giro a la izquierda, en lo que fueron los años previos a la dictadura militar del 1976-83, son los que provocaron la elección de su apellido como título para esta agrupación.

En La Cámpora se unen tanto las tendencias de los que se consideran herederos de aquella lucha de izquierdas que fue derrotada por la dictadura a través de las desapariciones y las violaciones de los Derechos Humanos, entre ellos algunos de los hijos de los militantes de Montoneros y de la Juventud Peronista del momento, como peronistas que encontraron en esta agrupación la forma de acercarse a Néstor y Cristina a través de su hijo, unido a la propia necesidad del matrimonio Kirchner en el comienzo de sus mandatos (2003) de rodearse de una base social amplia con la que en principio no contaban, y que encauzaron a través de una revalorización de la militancia juvenil.

De esta forma, la agrupación juvenil ha pasado a entrar de lleno en las listas electorales, los ministerios, las provincias, y las empresas estatales, como YPF, Aerolíneas o la ANSES, la entidad que controla las pensiones jubilatorias, convertida en un fondo millonario con el que el gobierno argentino realiza todo tipo de inversiones -desde programas de fomento de la vivienda hasta parte de la inversión para el "Fútbol para Todos", la emisión de todos los partidos de liga pagada por el Gobierno-.

La sugerente investigación de Di Marco muestra perfiles de todos los tipos entre los dirigentes de La Cámpora: desde el 'hijo presidencial', Máximo, que mueve los hilos sin todavía haberse presentado a ningún cargo electo; pasando por hijos de militantes o víctimas de apropiación que después de fomar parte en la organización de Derechos Humanos HIJOS pasaron a La Cámpora, en muchos casos agradecidos a la política de Derechos Humanos del inicio de la presidencia de Kirchner; hasta otros personajes que encontraron en la organización auspiciada por la pareja presidencial la posibilidad de prosperar agarrándose al caballo ganador.

Se trata también de la 'fuerza de choque' de Cristina, la que en los actos públicos -da igual el tipo de anuncio- ameniza los discursos con cantos futboleros, como éste: "Yo no soy gorila, ohohohohoh, Yo no soy gorila, soy soldado de Cristina" y otros muchos más, teniendo en cuenta que los gorilas son los antiperonistas, en la retórica de los años 50, recuperada por estas organizaciones para definir a los contrarios al 'proyecto nacional y popular', como se identifica el programa político de los Kirchner.


Un buen ejemplo, al inicio de la sesión en Casa Rosada con la que Fernández anunción la expropiación de YPF. Antes de comenzar, cantan "Somos la gloriosa juventud peronista, somos los herederos de Perón y de Evita. A pesar de las bombas, de los fusilamientos, los compañeros muertos, los desaparecidos. No nos han vencido". Se trata de un canto de la juventud peronista, que incluso el vicepresidente Amado Boudou silabea pese a estar en la mesa presidencial en un acto oficial. Para muestra, un botón.







Hasta la vista, ciberespacio.

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