lunes, 1 de octubre de 2012

Cada vez más parecidos

En momentos en los que para un español en el exterior la sensación es una mezcla de indignación e impotencia, parece que las diferencias entre Argentina y España se estrechan: los argentinos bromean con que exportaron el "Que se vayan todos" a Madrid en la pasada manifestación del 25 de septiembre, mientras vemos estupefactos como tanto Mariano Rajoy como Cristina Fernández pretenden contestan fuera las preguntas que en casa no quieren afrontar.
Detalle de 'colectivo' porteño con escudo español (Foto: Miguel Ángel Moreno)


Le preguntaron en varias ocasiones durante esta semana a Cristina Fernández en sendas conferencias ante estudiantes, en su mayoría latinoamericanos, de las universidades estadounidenses de Georgetown y Harvard sobre su escasa predisposición a afrontar ruedas de prensa con periodistas, algo que la presidenta consideró falso, ya que ella habla "con mucha gente" y también aseguró que habla "permanentemente" con los periodistas acreditados en la Casa Rosada, algo que esos redactores se encargaron de negar.

La presidenta, al mismo tiempo, negaba que existiera un 'cepo al dolar' en su país, un conjunto de regulaciones cambiarias que imposibilitan el ahorro en divisa americana a un país acostumbrado a que su propia moneda -el peso argentino- sea una montaña rusa en la que el ahorro más que un imposible es una auténtica quimera. Un cepo al que se suma la persecución a los pequeños empresarios, el enriquecimiento de los funcionaros y la sensación de agobio de la clase media que este mes salió a la calle con las cacerolas.

Al mismo tiempo que Fernández se dedicaba, antes y después de la Asamblea General de Naciones Unidas de esta semana, a dar charlas en salones universitarios, Mariano Rajoy acudía al Wall Street Journal para ser entrevistado y ofrecía datos sobre las medidas tomadas por su ejecutivo al día siguiente en Consejo de Ministros, y el rey de España, Juan Carlos I, se trasladaba a otra redacción periodística, en este caso la del New York Times, para "explicar la realidad de España".

Si en algún momento podía sentirme aliviado por ser español y no tener una gobernante como Fernández, que no ha dado una sola rueda de prensa en 2012 y cuyas comparecencias con preguntas de periodistas durante su presidencia se pueden contar con los dedos de las manos, la capacidad de Rajoy para explicar las medidas de su Gobierno también parece que está dejando mucho que desear, especialmente por su ausencia como portavoz político ante los medios de comunicación, e incluso el resto de parlamentarios.

Cristina Fernández no da ruedas de prensa, tampoco da entrevistas, y ni siquiera el presidencialista modelo argentino le obliga a acercarse al Congreso de la Nación -que es bicameral y cuenta con cámara de diputados y de senadores). Ante esto, uno como español se alegra de saber que en nuestro sistema el presidente en primer lugar es diputado, de tal manera que tiene que formar parte de las Cortes y escuchar al resto de representantes de los electores.

Sin embargo, Rajoy no se ha enfrentado este año siquiera al Debate sobre el estado de la Nación, que le obligaría a responder ampliamente a todos los portavoces de los grupos parlamentarios. Y respecto a las entrevistas, el presidente del Gobierno, ha necesitado casi un año para no ofrecer más que una entrevista en la televisión pública, junto a dos anteriores en medios escritos, una para el diario ABC y otra la Agencia EFE.

Manifestación del #25s (Foto: Juanjo Martín (EFE))

No solo en la falta de locuacidad y transparencia de sus dirigentes se parecen cada vez más España y Argentina, sino que los eslóganes de hoy en España se parecen cada vez más a los de la Argentina del 'corralito' financiero. "Que se vayan todos" fue el nombre de aquel movimiento de diciembre de 2001, cuya imagen icónica es la del helicóptero del presidente Fernando de la Rúa huyendo en helicóptero de la Casa Rosada frente a una Plaza de Mayo en llamas por el descontento popular, y esa misma frase se vio esta semana en las manifestaciones hacia el Congreso de los Diputados de Madrid.

Algunos argentinos con los que me he encontrado últimamente se lamentan de la falta de agresividad del pueblo español. "Nosotros ya estaríamos quemando las calles, cagándolos a trompadas", me comentaban. En España se trata de hacer algo distinto, les digo. Pero el pasado 25 de septiembre, lo que ocurrió se pareció bastante a aquello, y en sentido contrario.

La convocatoria del pasado #25s para rodear el Congreso, fuera de España tan solo quedó en las carreras delante de la polícia, en cargas, heridos y detenidos... Aparte de contabilizaciones de cifras de heridos y detenidos, lo que se pudo ver fue la vergüenza de unas fuerzas policiales que sobrepasaron su labor en lugares tan inverosímiles como la estación de Cercanías de Atocha, con vídeos que no voy a enlazar porque son de público conocimiento y porque me provocan escalofríos, por decirlo de una forma galante.

Que nadie confunda llamar la atención sobre una actuación policial desmesurada y violenta con criticar al conjunto de la Policía. Parece claro que la mayoría de la gente sabe y piensa que el dedo tiene que apuntar más alto, a la delegación de Gobierno que respaldó una actuación que, cuanto menos, debería haber tomado con cierto cuidado, e incluso a la jefatura de policía que imputó delitos muy graves que después fueron rechazados por la Audiencia Nacional.

Pero lo del #25s no se puede volver a repetir, no si queremos todavía marcar una diferencia con un país en el que la única respuesta del Estado contra el descontento policial sea la represión. No, porque no quiero que me feliciten esos mismos argentinos que me criticaban que no los 'cagasemos a trompadas'. No, porque no deberíamos ser la Argentina del 'corralito'... Aunque cada vez nos empujen más a ello.