lunes, 31 de diciembre de 2012

Un 2012 con sabor porteño

Este 2012 que se nos escapa de los dedos (tan solo cuatro horas le quedan -horario español- en el momento en el que me pongo a escribir estas líneas) ha sido un año convulso en cuanto a lo económico, lo político y también lo social en España y en general en Europa. Para el que escribe estas líneas, este año tendrá un sabor totalmente distinto: sabrá a 'facturas', 'chimichurri', dulce de leche y miradas desde el otro lado del Atlántico.

En España ha sido el año del rescate bancario/préstamo en condiciones muy ventajosas/ayuda económica europea, los doce meses en los que la movilización social se tiñó de verde (Educación), blanco (Sanidad), negro (funcionarios) y se focalizó en el Congreso de los Diputados. También ha sido el año en el que los éxitos olímpicos españoles se revelaron mayoritariamente como asunto de mujeres, y el momento de la reválida de 'la Roja' en la Eurocopa y la reivindicación del 'Atleti' dirigido por Falcao en la E. League.

Desde mi aventura porteña, ha sido sin duda el año de la expropiación por parte del Gobierno argentino del 51% de YPF en poder de la empresa española Repsol, el año en que aprendí sobre Derechos Humanos y lucha contra las dictaduras recientes, los doce meses en los que disfruté entrevistando, escuchando, aprendiendo, fotografiando y viajando... Y lo que todavía me queda por contar en este espacio bloguero.

Nos pintan 2013 como un año inasumible, 'peor que el 12', en el que todo irremisiblemente irá a peor porque no hay organismo económico multilateral que apueste un duro por España. Pero ojo, tampoco nadie apuesta mucho por Italia, no digamos ya por Grecia, y Francia está en el punto de mira del torbellino, con la popularidad del presidente François Hollande cayendo en picado. Y Estados Unidos al borde de la recesión  por la falta de acuerdo entre republicanos y demócratas respecto al techo de gasto público.

Es decir, no solo no dan un duro por nosotros, es que no lo dan por nadie. Porque es muy fácil apostar a la caída, y cada vez es más rentable para algunos.

Mi sensación es que no nos queda otra que apostar nosotros por nuestras posibilidades. Tenemos que ser conscientes de que, cuanto más duro nos lo pinten, más hay que trabajar pero no hay por qué renunciar a nada de antemano. 

Y que, por mucha perspectiva macroeconómica negativa que nos pinten, al final siempre tenemos un espacio de decisión. Que, por limitado que sea, es nuestro, es posible, y es nuestra esperanza de un futuro distinto al marcado. Agarrémonos a él.

Feliz 2012, el que ya pasó o está a punto de pasar. Bienvenido, 2013.






Hasta la vista, ciberespacio

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