lunes, 11 de febrero de 2013

Escraches y desahucios

Escrachar, según la Real Academia Española de la Lengua, es un coloquialismo argentino y uruguayo que significa "romper, destruir o aplastar" o "fotografiar a una persona". La técnica de protesta del escrache, conocida en la Argentina post dictadura de las Juntas Militares (1976-1983) para señalar a los genocidas indultados, empieza a sonar ahora a España con los políticos como blanco de la ira ciudadana por su inacción ante la crisis.


Señal sobre los escraches en el Parque de la Memoria de Buenos Aires (Foto: Miguel Ángel Moreno)

Argentina, años 90. El presidente peronista Carlos Saúl Menem (del mismo partido que la actual dirigente, Cristina Fernández) firma cerca de 1.200 indultos a los militares condenados por la justicia durante el gobierno de Raúl Alfonsín por haber pertenecido al aparato represivo de la dictadura argentina, que se calcula causó cerca de 30.000 desapariciones. Menem lo califica como "una última contribución al proceso de pacificación", según reza uno de los decretos, en el que se indulta, entre otros, al general Jorge Rafael Videla.

Los indultos provocaron que se popularizara la técnica del escrache, consistente en acudir al domicilio de la persona indultada y organizar una manifestación en la que se le señalaba como un criminal, alguien que había vulnerado los Derechos Humanos, ante todo su vecindario. Según la organización HIJOS, que agrupa a muchos hijos de desaparecidos en la dictadura:
"Con el escrache queremos hacer pública la identidad de estos sujetos: que los compañeros de trabajo conozcan cuál era su oficio en la dictadura, que los vecinos sepan que al lado de su casa vive un torturador, que los reconozcan en la panadería, en el bar, en el almacén. Ya que no hay justicia, por lo menos que haya condena social, que se los señale por la calle como lo que son: criminales" (Web H.I.J.O.S.).
Se trata de un tipo de manifestación que permitió la condena social a personas que, por un motivo político, habían eludido la condena judicial (aunque luego fueron vueltos a juzgar a partir de 2003, y en este blog contamos uno de los últimos juicios del pasado año) pero que también ha provocado muchas críticas, por su vinculación a técnicas del fascismo, incluso con la Inquisición y el nazismo.

Traigo este tema al blog porque hoy me he encontrado con la palabra 'escrache' de nuevo, pero esta vez en España. El asunto viene a colación de que mañana se vota la Iniciativa Legislativa Popular contra los desahucios propuesta por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Se trata de una propuesta que incluye cambios legislativos que harían realidad la dación en pago y que se puede leer de forma muy sintética en la web creada para difundirla.

A la lucha por la aprobación de esta ILP, que ha conseguido casi un millón y medio de firmas como apoyo, se ha sumado una retórica cercana al escrache, motivada por la posibilidad de que la iniciativa sea bloqueada en el Congreso, según explicaba hoy en El País Ada Colau, representante de la Plataforma.
"Vamos a señalar a los responsables, siempre de forma pacífica, a aquellos que pudiendo cambiar estas leyes injustas se niegan a hacerlo porque ceden a los intereses de una minoría. Allí donde vayan (en sus barrios, el trabajo, en actos públicos...) les señalaremos, para que se sepa que aquellas personas, con nombres y apellidos, son responsables del sufrimiento de la población" (Ada Colau, PAH, en El País)."
Para este escrache se han ofrecido herramientas virtuales como ésta, que permite mandar mensajes por twitter a los diputados del PP, que ya anunció su veto a la iniciativa, y CiU en el Congreso para que reflexionen si quieren firmar la ILP o ser "promotores de desahucios". A esta iniciativa se han sumado muchos mensajes en Twitter que hablan abiertamente de escrache.


Se trata de una iniciativa interesante, en el sentido de que hace conscientes a los políticos, como se pretendía en Argentina, de que sus decisiones tienen eco en el mundo real, en todo lo que ocurre fuera del hemiciclo.

Aunque no creo que en España esté justificado ir a las casas de los políticos, al fin y al cabo elegidos por todo el pueblo en una democracia que, imperfecta o no, es legítima y no ha vulnerado los Derechos Humanos como lo hicieron los militares argentinos.

Pero ojo, se trata de una forma de manifestación legítima siempre que se mantenga el carácter pacífico y no se pase a situaciones tensas y a mi juicio fuera de lugar, como la que mencionan los tuits anteriores sobre María Dolores de Cospedal (PP), increpada por la calle por personas despedidas de Telemadrid (que se puede ver en este vídeo). Se trata de una situación desagradable que no deberíamos ver en España, pero que permite visualizar cómo se expresa una población cada vez más molesta con una clase política que parece insensibilizada con su sufrimiento.








Hasta la vista, ciberespacio. 

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