lunes, 9 de septiembre de 2013

Los verdaderos perdedores de Madrid 2020

Tras la euforia y la caída, la derrota de la candidatura madrileña a los Juegos Olímpicos de 2020 deja dos damnificados principales que notarán las consecuencias de la decisión del COI en el futuro: unos son los deportistas españoles, que verán sus ayudas recortadas y olvidadas; el otro es el rey Juan Carlos I, adelantado una vez más por la derecha por su hijo, que protagonizó uno de los momentos más dignos de la presentación española en Buenos Aires.


Felipe de Borbón, en la presentación final de Madrid 2020 (Foto: Ayuntamiento de Madrid)
Pasadas 24 horas desde que Jacques Rogge pinchara la burbuja de ilusión momentánea que había despertado en bastante población española -incluso los que nos enfadamos al inicio con una nueva "cabezonada", pero luego nos animamos viendo el supuesto bajo nivel de las ciudades contrincantes-, empieza a ser el momento de los análisis, y me gustaría abrir fuego con aquellos que más pierden tras el rechazo del COI a la propuesta madrileña.

La primera es una noción de sentido común, pero no por ello menos obvia: los que más pierden sin Madrid 2020 son los deportistas. No los contratistas, los constructores, los patrocinadores, los políticos corruptos... Ésos también pierden, pero tendrán más fácil encontrar un nuevo negocio al que subirse, llámese Eurovegas o como quiera identificarse. 

No será así con los y las gimnastas, atletas, nadadores, lanzadores de peso, luchadores, regatistas, etc. En su caso, la posibilidad de una beca para prepararse para los Juegos dependía directamente del arranque de generosidad que al ministro José Ignacio Wert le suscitaría el papelón de unas olimpiadas en la capital de España, para lo cual hay que tener a los atletas alimentados y preparados. Difícil será que quiera acometer este gasto para las próximas Olimpiadas de Río, para la que ya está empezado el ciclo de preparación de los deportistas. Menos aún para unos Juegos en el país del sol naciente.

Por otra parte, el otro gran damnificado, a mi modo de ver, es alguien que no tendrá problemas para llegar a fin de mes, pero que sí ha visto muy dañada su imagen y la pertinencia de su papel institucional. Me refiero al rey Juan Carlos I, al que el buen papel del príncipe Felipe vuelve a llevar al interrogante general -fuera del debate sobre el modelo de Estado- de por qué es necesario tener un Rey en un estado calamitoso de forma y con un historial de dudosa presentación, teniendo un príncipe políglota, con buenas dotes comunicativas y en plenas facultades.

Y sí, todos somos conscientes de la agenda de Juan Carlos de Borbón cuando se trata de asuntos internacionales, una agenda que probablemente hubiera ayudado a su vástago para obtener mayores apoyos en una operación de lobby que no ha sido muy afortunada cara al exterior, pero sí muy significativa de puertas hacia dentro. Pero la agenda del padre bien puede ser empleada desde un retiro acomodado fuera de la primera línea de representación.

Los que se escapan de rondón


Si bien estos son los principales, hay otros nombres propios de la derrota que no pueden pasar desapercibidos. El primero es el de Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español y cara visible de las candidaturas sucesivas, sin éxito en ningún caso. Su papel en Buenos Aires dejó una de las anécdotas más divertidas de la semana con ese "Not listen the ask" al estilo indio cuando no había escuchado una pregunta. Lo explica de una forma más divertida que yo el Gran Wyoming en El Intermedio.



Ana Botella es otra que, a mi gusto, se escapará de rondón del batacazo olímpico capitalino, como ya lo hizo de la crisis del Madrid Arena y seguirá haciéndolo en fracasos venideros. Sería una temeridad que el PP arriesgara a ponerla de candidata en los siguientes comicios económicos, aunque con la ventaja popular tradicional en la capital las últimas décadas, todo puede ser posible.

Y por último, de rondón también se marchan de la derrota muchos medios de comunicación que encabezaron una cobertura acrítica y cuanto menos despreocupada por indagar en las verdaderas posibilidades del proyecto olímpico español. Una pregunta tan obvia como la que el periodista de Associated Press hace a Ana Botella "¿Cree usted que en un país con un 27 por ciento de desempleo la organización de los Juegos Olímpicos es la mejor política pública?", es una muestra del periodismo que debería haberse hecho y que no se hizo.

Madrid 2020, la más dolorosa


Los miembros ejecutivos del Comité Olímpico Internacional volvieron a dar la espalda a Madrid, por tercera vez consecutiva, aunque esta vez de forma más dolorosa para la candidatura española, que fue apeada a las primeras de cambio pese a sentirse favorita en las jornadas previas, presumiendo de instalaciones finalizadas, proyectos solventes y realistas; y apoyo social abrumador.

Ninguna de esas cosas -algunas reales, otras más en el terreno de los deseos- sirvió para motivar a un organismo impredecible, en el que el deporte, la política, y lo exclusivo de su membresía provoca que en muchas ocasiones más que un comité de expertos sea un escenario gelatinoso en el que la política internacional cuenta tanto como la simpatía de los portavoces de cada candidatura.

El discurso de la austeridad no vale, al menos no para organizar unos Juegos Olímpicos. Madrid aplicó en Buenos Aires la tesis de que lo que sirve para contentar a Ángela Merkel en Europa, sirve también para persuadir al COI. El cacareado nuevo paradigma de una Olimpiada austera y realista al final parece que no gustó a nadie, ni siquiera pasa superar a Estambul, la milenaria ciudad turca que rápidamente había sido descartada por los quinielistas de los aros olímpicos. Al COI le gusta que se pueda gastar dinero en un ecosistema económico que lo permita, y eso es algo que Madrid no podía ofrecer.

Y por otra parte queda lo más divertido: las sospechas geopolíticas. Las que dicen que había fuertes presiones europeas para que Madrid no resultara elegida. Las que apuntan a una aspiración francesa por conseguir que París obtenga la nominación para 2024 y celebre así el centenario de sus Olimpiadas de 1924, algo imposible si Madrid hubiera obtenido los fastos deportivos de 2020. O los que apuntaban, aún más en el terreno de la especulación baratísima, que la canciller alemana no veía con buenos ojos las olimpiadas madrileñas.





Hasta la vista, ciberespacio.

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