viernes, 10 de enero de 2014

Disciplina de voto y partidos disciplinados, en Mayhem Revista

Ayer en Mayhem Revista escribí un artículo para la sección semanal Las Palabras y Las Cosas, que comparto con el gran Álvaro Alonso. En él me planteo, a raíz de la polémica sobre el voto de conciencia por el anteproyecto de Ley del Aborto, si realmente es deseable para los votantes que los diputados -sus representantes electos- voten en función de su conciencia individual. ¿Nos representa como votantes la conciencia ética de nuestros diputados y senadores? 



El anteproyecto de reforma de Ley del Aborto presentado por el ministro Ruiz-Gallardón ha dado para muchas cosas, especialmente para no hablar sesudamente del aborto. Dejando a un lado si se trata o no de una ley reaccionaria, si es mejor una ley de plazos o una de supuestos, o si era necesario abrir un debate sobre una regulación que no estaba siendo demasiado contestada socialmente en un momento de necesarias reformas en otros ámbitos; la verdad es que el debate posterior nos está sirviendo para reflexionar acerca de muchas cosas. Entre ellas, de la calidad de nuestra democracia y de la libertad de nuestros parlamentarios. Las reflexiones sesudas sobre el nasciturus se las dejamos a nuestro becario.


Con un tema tan controvertido y que afecta de forma tan directa a las éticas y libertades individuales, especialmente de la mujer, pero en general de todos los miembros de la sociedad, no pasó demasiado tiempo desde la presentación del anteproyecto y el primer llamamiento a las parlamentarias populares para que se opusieran a su aprobación. El mensaje fue enviado por parte de la socialista Elena Valenciano, y en él pedía su “contribución decisiva” para paralizar el texto y que éste no fuera aprobado.
También en el propio Partido Popular se han levantado tímidas voces, cada vez más notorias, de parlamentarios, barones y alcaldes -hombres y mujeres- contrarios a tal reforma. Una de ellas, inusualmente comedida en esta ocasión, es la parlamentaria andaluza Celia Villalobos que,según esta crónica de El País, ayer mismo reclamó en una reunión interna del PP que se permitiera “libertad de voto” cuando el texto fuera sometido al respaldo parlamentario. No es sorpresa que Rajoy, por lo que parece, no dijera ‘ni mu’ a la propuesta, aunque sí resulta interesante el dato que Carlos E. Cué da en dicha crónica: Celia Villalobos es la mujer de Pedro Arriola, el asesor de cabecera del presidente del Gobierno. Qué influencia tendrá eso sobre Mariano es algo que desconocemos, pero no deja de ser un dato muy curioso.
La propuesta de Villalobos se suma a otra realizada por el Partido Socialista, que propone una votación secreta para permitir que cada parlamentario vote dirimiendo entre la disciplina partidaria y su conciencia individual. Para llegar a esta opción, solo explorada en dos ocasiones anteriores en democracia -una respecto a la apertura de una comisión de investigación sobre los GAL en 1995, y otra sobre la Guerra de Irak en 2003-. En ningún caso alguien quebrantó la disciplina de voto impuesta por el grupo parlamentario. Y, además, debido al reglamento parlamentario, votar de forma secreta este asunto exigiría votar una propuesta no de ley, ya que el articulado impide votar de forma secreta las propuestas de ley (véase el artículo 85.1).

Libertad de voto y sistema electoral en España

Este debate entre disciplina partidaria y conciencia individual ha dado lugar a varias reflexiones. Entre otras, las que pasan por denostar el sistema parlamentario español por lo que tiene de ‘borreguismo’ en tanto en cuanto los diputados se reducen en muchas ocasiones a votar lo que ordena la bancada, sin necesidad de reflexión propia. Es cierto que los partidos se han constituido en muchos casos en maquinarias de agregar votos, sin necesidad de convencer siquiera a sus propios diputados. Esta circunstancia es la que se está viendo actualmente en el PP, pero en otros casos, y seguramente muy soslayada, debe ocurrirle a parlamentarios de todos los coloresdurante los diferentes procesos legislativos.
La pregunta es, ¿hasta qué punto es deseable desde el punto de vista del votante de a pie que los diputados tengan mucha o poca discrecionalidad a la hora de votar, que sean muy libres o que voten en muchas ocasiones ‘según su conciencia’? Si no estamos equivocados, la conciencia del diputado número 5 de Murcia no representa a sus electores. Le representa a sí mismo. Pero él no vota por sí mismo, sino por el porcentaje de ciudadanos que depositaron la papeleta popular en los colegios electorales murcianos.

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