martes, 25 de febrero de 2014

23-F, 'fakes', cabreos y debates trascendentes

Para bien o para mal, Jordi Évole lo ha vuelto a hacer. Su especial sobre el 23-F, con fake incluido y debate posterior ha despertado una cascada de comentarios positivos y negativos sobre el resultado de la apuesta, y miles de opiniones sobre cómo le afectará en el futuro a Salvados. Por aquí, sin pretensión de sentar cátedra sobre nada, propongo yo las mías.



Antes de nada, una pequeña precisión personal. Yo no el programa en directo, lo ví sobre una hora después en la aplicación para tabletas del grupo Atresmedia. Por lo tanto, cuando lo ví ya tenía cierta intuición, por mensajes y cosas en redes sociales, que el programa podría ser no exactamente un documental sobre el 23-F. Quizás por eso no me sentí lo estafado que se sintieron otros, quizás también porque el autor del mockumentary fuera Évole y no otra persona en otro programa o canal con otras connotaciones. Como bien decía Bea en Twitter, ¿qué hubiera pasado si este programa lo hace Intereconomía?

Para mí un aspecto fundamental del cabreo posterior de muchas personas no está solo relacionado con el contenido del programa. Me parece que, por lo general, la gente aguanta bastante bien que se hable sobre el 23F en el sentido que sea, incluso en broma. Llegamos a ver dos tv movies prácticamente paralelas sobre el intento de golpe de Estado hace unos años, y algunos actores caracterizados como algunos personajes históricos daban una mezcla entre grima y risa. Creo que en ese aspecto estamos vacunados.

En el mismo sentido, cuando Jordi Évole justifica el programa en el aspecto de la información oculta aún sobre el golpe de Estado de Tejero me parece que también erra el tiro. Y la prueba está en que hoy, 24 horas después, poca gente está hablando en sí del 23-F. Están hablando de Évole, de su transformación de Follonero en icono periodístico y como, de golpe, ha vuelto a ser el Follonero. De esta misma forma lo decía Milagros Pérez-Oliva en El País. Algo similar publicaba Íñigo Sáenz de Ugarte en eldiario.es, aunque él metía algunos matices más. Copio un párrafo suyo, en el que habla de Salvados:

"Su creador no puede ponerse un día el sombrero de la ficción y una semana después calzarse el sombrero de la realidad, y confiar en que el público no se lo tenga en cuenta y sepa apreciar la diferencia. Los que se hayan sentido engañados ahora, que los habrá, no volverán a verlo con los mismos ojos"

De alguna forma, parece que lo que más duele es que Évole nos haya fallado, que no haya seguido siendo el tipo que descubría cosas, se ponía del lado del ciudadano para explicarle los asuntos con lenguaje llano, sin pretensión de trascendencia y como te los cuenta tu amigo en la barra de un bar. Pero, ¿por qué nos duele? ¿Por qué nos molesta? Porque su programa se había convertido en un espacio en el que muchas personas confiábamos para obtener información. Porque habían empezado a lloverle los premios periodísticos. Porque comenzaban a tratarle de usted y no de tú las vacas sagradas del oficio, las mismas que también se prestaron a la farsa. Y, pienso yo, igual no es ese punto en el que el propio Évole se siente más cómodo.

De alguna forma, el periodismo televisivo había descansado en Évole la ocupación de contar aspectos complicados de nuestra política y sociedad de forma sencilla, extensa, con entrevistas y con datos. Poquitos, pero contundentes. El programa que comenzó siendo una remezcla más del estilo Caiga quien caiga, con especiales sobre la campaña electoral y otros asuntos, se fue volviendo cada vez más serio. Y pasó de ser entrenenimiento a ser reconocido como periodismo, dondequiera que esté esa frontera si es que alguna vez existió.

El problema no es tanto que Jordi Évole 'decepcionara' a algunos, es que a muchos nos decepciona que el periodismo riguroso, amplio y de temas que importan en televisión haya quedado circunscrito a lo que pueda hacer Jordi Évole. Por eso, cuando lo hace bien el aplauso es unánime, y cuando hace algo que se sale del carril, como el domingo pasado, se monta un jaleo de tres pares de narices. Y se monta porque, ahora mismo, él es el único que hace por explicarnos estas cosas. Porque los periodistas serios, los de los premios y las zarandajas, no saben, no quieren, o no pueden hacerlo en la televisión actual a unas horas decentes y con un apoyo firme por parte de sus cadenas
Como no sé si me estoy explicando muy bien os pongo un párrafo de Juan Larzábal en una columna en eldiario.es. Creo que es más directo y más explicativo:

"En esta escapada a ninguna parte, tan criticada y llamada crisis, es donde encuentra su hueco Jordi Évole que, al final, tras el debate, las chanzas y la crítica, tras cagarnos en sus muertos y mandarle operar a su madre para ver qué pasa, le damos las gracias. Él no ha hecho sino ocupar nuestro puesto por nuestra culpa, nuestra dejación. El Periodismo en España debería hoy darle gracias a ‘Salvados’ por ser salvados de nuestra propia desidia, cáncer y veneno que corrompen tinta, ondas y malditos bits"

Para mí es una reflexión muy importante, aunque quizás sea una reflexión muy gremial. Pero hay otras muchas, la mayoría las que pasan por preguntarse cómo le va a afectar a Évole en los siguientes programas. Yo creo que le va a ir igual o mejor, aunque hay muchos comentaristas que dicen que probablemente haya un grupo de espectadores que no le perdonen la jugada, la ruptura con el 'pacto con el espectador' que dice Silvia Cobo en esta entrada.

Entre la defensa de la ficción por parte de José Antonio Pérez (autor de mi mesa cojea) y la indignación de Rosa María Artal, que vivió el intento de golpe siendo periodista y ha realizado durante muchos años ese periodismo que a mí me parece ahora ausente en televisión, hay un montón de grados de cabreo que he visto recogidos por allí y por allá. También de aplausos y de miradas críticas.

Pero sobre todo, hay mucho debate. Igual no el debate que pretendía proponer el programa, ya que sobre la Transición, el propio golpe, la monarquía y demás etcéteras, parece que se ha hablado poco. Creo que éste sí que es un fallo que debería anotarse Évole. Convertirse uno mismo en la noticia no es la mejor política para alguien que pretende seguir haciendo periodismo como si tal cosa la semana que viene -y con Pedro Jota Ramírez explicando su salida de El Mundo, todo un temazo-.

Otro asunto interesante y en el que disiento un poco con el resto de comentarios que he leído es el tema de la 'factura técnica' del fake. Para mí, quizás en imagen sí estaba cuidado, pero anda que el guión... A partir del momento de la agria discusión entre los conspiradores para elegir al director del tinglado me parece que la cosa se caía por los suelos... Y lo de que la brecha en la izquierda comenzara porque Carrillo se quedó 'medio levantado' o que Fraga gritara porque se le iba la pinza cuando no había comido... Pero repito que yo no lo ví en vivo, así que prefiero no dármelas de listo. Igual todo de golpe antes de saber nada me lo hubiera comido con patatas.

Termino la entradita (larguísima, lo sé) con unos párrafos también prestados, en este caso de Ramón Lobo, que concuerdan bastante bien con lo que pienso del tema y parecen escritos con la tranquilidad y el reposo que suelen tener las reflexiones del veterano corresponsal:

"¿No es más escandaloso tragarse las versiones oficiales del Gobierno de turno o de sus imaginativos servicios de espionaje? ¿No lo es este corta y pega masivo de la ficción de los brotes verdes que nos quieren vender? ¿No es falsificar la realidad sentarse en una rueda de prensa sin preguntas y simular que es de verdad? ¿No lo es quedarse quieto, manso, en una sala de Génova 13 ante una televisión de plasma que simula la comparecencia de un presidente simulado? ¿No son más escandalosos los telediarios públicos, sean nacionales o autonómicos? ¿No genera peor periodismo ser sumiso con el poder político y con el económico? ¿Quién está libre para tirar esa piedra, o ese tuit? Yo no lo estoy. No puedo disparar.

Hubiera preferido un documental clásico sobre las sombras del 23F, pero me gusta la provocación de Évole: acercarnos el espejo para que nos miremos en él. Es el reflejo lo que nos debería escandalizar"

Y hasta aquí la reflexión nocturna, un día después del gran fake, aunque a la gente le duela compararlo con Orson Welles. Podemos seguirlo discutiendo en los comentarios, si gustáis. Aunque entiendo que el personal ya esté un poco saturado del tema, que es, en esencia, otra aburrida discusión de periodistas, ¿o no?.






Hasta la vista, ciberespacio.

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