miércoles, 18 de junio de 2014

Abrir el melón, reflexión sobre la abdicación real en Mayhem Revista

Texto sobre la abdicación de Juan Carlos I en Mayhem Revista, analizando los posibles motivos y las implicaciones que la decisión tiene a posteriori.


Detalle de la carta de abdicación de Juan Carlos I
'Abrir un melón' es una expresión que habitualmente se utiliza para hablar de un asunto que se inicia y del que cabe una gran incertidumbre sobre lo que terminará deparando. De la misma forma que un melón por su aspecto externo no siempre da muchas pistas sobre su estado interior –puede estar en perfecto estado de maduración o a punto de pudrirse- cuando utilizamos una expresión como esta nos referimos a una decisión que puede tomar consecuencias incontroladas, y a veces incontrolables.
Abrir un melón bien podría ser lo que hizo el rey Juan Carlos I al abdicar el pasado lunes, aunque después se ha publicado hasta la saciedad que era una decisión tomada desde, al menos, primeros de año. Según varios medios, fue entonces cuando comunicó la decisión al príncipe Felipe, y dos meses después al presidente del Gobierno Mariano Rajoy, y al líder de la oposición Alfredo Pérez Rubalcaba. Pero tras esa decisión, como tras la capa exterior de esta fruta veraniega, hay otros muchos efectos colaterales que merece la pena considerar.


Un cálculo político y sociológico

En el movimiento de Juan Carlos I parecen pesar muchos factores, entre ellos su propio deterioro físico, la situación de caída de popularidad tras la cacería de Botswana en 2012 –que provocaron posteriormente un incremento exponencial de su agenda exterior para enmendar estos borrones y ese “lo siento, no volverá a ocurrir”—y posiblemente, una situación sobrevenida, quizás no calculada pero amenazante, de índole política.

El primer cálculo del monarca es político y sociológico. Pasa por la caída galopante de prestigio de la corona, anunciada por las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). En 2012 era el incidente de Botswana y el elefante que hemos mencionado antes; que provocaba que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero sacara a la Corona de la encuesta y que no se volviera a preguntar por su valoración a los ciudadanos hasta 2013. Pero este mismo año, con la imputación de Urdangarín y la llamada a declarar de la Infanta Cristina, la situación se mantenía. En abril, la Corona sacaba un 3,78 de valoración sobre 10. Suspenso claro.
La vertiente política pasa por la caída de los dos partidos que han sido sostén fundamental del sistema nacido con la Transición: Partido Popular y Partido Socialista. Certificada en las Elecciones Europeas, que si bien no son trasladables a unos comicios generales por el distrito único y por las diferentes motivaciones de los votantes –más tendentes a castigar ‘alegremente’ a los partidos mayoritarios en estos comicios- sí mostraron una tendencia: por primera vez los dos partidos del ‘turnismo pos-Transición’ bajaban del 50 por ciento de votos entre los dosÁlvaro lo explicó perfectamente la semana pasada.
Puede que no sea la razón principal, pero sí es conveniente ponderarla: si la mezcla PP-PSOE, que actualmente ostenta el 74 por ciento del Parlamento -296 diputados de 350 en total-, tuviera menos del 50 por ciento de los votos, sería muy difícil asegurar la aprobación de la ley que permite la abdicación de Juan Carlos I y posterior coronación de Felipe VI. Un Parlamento con más fuerzas de izquierda haría más difícil asegurar la continuidad, habida cuenta que la Constitución prescribe que para la abdicación es necesaria una Ley Orgánica (artículo 57.5), que requiere de mayoría absoluta.

1 comentario:

rsgoldfast dijo...
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